Épica

Épica

   No puedo menos que leer con un fervoroso interés a Julio Martínez Mesanza, por ser uno de los mayores representantes de la poesía épica de nuestros tiempos, costumbre ancestral que se ha ido perdiendo desgraciadamente, como se comprueba en la escasez de poetas épicos del siglo XX. Borges había vaticinado el futuro renacimiento de la épica, y esperemos que así sea en el siglo XXI -si bien es cierto que la épica nos llega hoy en día principalmente a través del cine, de lo que ya trataré en otra ocasión-.

   Martínez Mesanza es un poeta épico no sólo porque en sus poemas aparezcan caballeros y princesas, batallas y castillos, espadas y caballos, es ante todo un poeta épico por el sentimiento que despierta en sus lectores, por la sublimación que alcanza el espíritu del hombre en sus poemas.

   De amicitia siempre ha significado para mí una especie de estandarte, un himno a la amistad, por encima de las normas morales, la amistad ante todo, como ley que rige nuestras vidas. Es por eso que este poema, no sólo por su belleza inconmensutable, es especialmente significativo para mí. Es así como expreso mi afecto a todos mis amigos, a los que nunca me abandonaron en el campo de batalla, cuando la sangre estaba caliente en la espada enemiga y los guerreros hervían. Este poema se lo dedico a todos mis amigos, y en especial a aquellos que ahora mismo están pasando por momentos difíciles, porque ya saben que tienen mi incondicional apoyo.

DE AMICITIA

A José del Río Mons

Si tuviese al justo de enemigo,

sería la justicia mi enemiga.

A tu lado en el campo victorioso

y junto a ti estaré cuando el fracaso.

Tus palabras tendrán tumba en mi oído.

Celebraré el primero tu alegría.

Aunque el fraude mi espada no consienta,

engañaremos juntos si te place.

Saquearemos juntos si lo quieres,

aunque mucho la sangre me repugne.

Tus rivales ya son rivales míos:

mañana el mar inmenso nos espera.

Julio Martínez Mesanza, Europa, 1986

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