Muerte de un miliciano de Robert Capa

Muerte de un miliciano de Robert Capa

   Es evidente que cuando César Vallejo hablaba de la resurección en su poema “Masa” no se refería precisamente a la resurección de la carne. Pero quizá sea la intención inicial de Vallejo lo menos interesante de este poema, que está considerado por la mayor parte del mundo como el mejor poema de Vallejo, entre ellos Félix Grande. En efecto, hay que situar el poema dentro de un contexto muy determinado, su libro España aparte de mí este cáliz, que tiene unas catacterísticas muy especiales. Este libro se asimismo con las obras de algunos de los más grandes poetas del siglo XX: con Pablo Neruda, Miguel Hernández y Blas de Otero. No es necesario señalar libros como el Canto General de Neruda, Viento del pueblo de Miguel Hernández o los diversos de Blas de Otero, sobre todo en Pido la paz y la palabra.

   Curiosamente estos cuatro autores tienen una obra que abarca una amplia temática. No voy a desdeñar estas obras ni mucho menos -teniendo en cuenta además que “Masa” aparece en España aparta de mí ese cáliz- pero el amor que siento hacia estos poetas -que es mucho, desde luego- va por otros caminos diferentes. No faltarán voces que se eleven ensalzando las maravillas de estas obras, que probablemente sean también adoradores de Gorki, pero la poesía social de carácter bélico tiene una cierta facilidad para convertirse en folletines de propaganda política. No voy a entrar en la eterna polémica de una poesía social que sacrifica la estética en favor de las ideas, pero esto está más que demostrado. Últimamente me suelo preguntar mucho qué clase de conexión existe entre el fondo y la forma. Tradicionalmente se suele resolver esta cuestión de un plumazo diciendo que fondo y forma son en realidad la misma cosa, inseparables. Ortega hablando de este tema, me parece recordar que en Meditaciones del Quijote, recordaba aquella famosa cita de Flaubert: La forma proviene del fondo como el calor del fuego. Muy atractiva es aquella cita de Oscar Wilde: La estética es superior a la ética, que esconde detrás toda la teoría del arte por el arte.

   Independientemente de todas estas cuestiones, es evidente que “Masa” supera las tentativas iniciales de Vallejo, y que como suele ocurrir con las grandes obras maestras, sobrepasan a su creador. Esto se debe a la multiplicidad de lecturas que se pueden llevar a cabo de este poema. Para mí “Masa” supone, y en parte también para Vallejo, la solidaridad humana, del mundo entero, capaz de hacer milagros. No hay más que recordar que es precisamente la solidaridad entre los hombres lo que hace que Vallejo evolucione hacia una temática más positiva y deje a un lado todo su primer dolor de Heraldos negros. La grandeza de este poema es la siguiente: no se sustituye exactamente a Dios obrando el milagro de la resurrección por el hombre -no puedo evitar tampoco recordar el poema “Lázaro” de Luis Cernuda, que más de una vez ha logrado arrancarme más de una lágrima, por su desolación y su crudeza, que muestra la resurrección como un acto cruel por parte del Creador, como la más horrible de las torturas-. En “Masa” hay una sustitución en cuanto a la forma, cambiando la palabra Dios por la palabra Hombre, pero en el fondo se está aludiendo al mismo concepto, al conjunto de la Humanidad hermanada, unida en una alianza de amor y respeto. Este poema me llena de esperanza, pensando que la resurrección no es un imposible, y que es algo que podría ocurrir cuando el mundo entero se amara, cuando no hubiera disputas entre los hombres. Esto último sí que parece un auténtico milagro, y no el hecho de que resucite un hombre. Supongo que era lo que Vallejo quería decir, que si se produce el segundo milagro no es imposible que se produzca el primero.

   Por eso no hay que perder la esperanza, y hay que pensar que el amor y la solidaridad entre los hombres puede obrar el milagro de la resurrección. Y es por eso que ante la desgracia de la pérdida de un ser querido hay que estar más unidos que nunca, porque sólo así ese ser querido conseguirá resucitar, para todos aquellos que lo amen, y se echará a andar de nuevo entre los vivos, aunque sólo podamos verlo en nuestro corazón.

MASA

Al fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: “No mueras, ¡te amo tanto!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:

“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando: “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: “¡Quédate hermano!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar.

   César Vallejo, España aparta de mí ese cáliz

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