¡Ehkardiyea l’armáziga k’ai hugo! Antolohía’e tehtoh en andalú der Huan Porrah Blanko

¡Ehkardiyea l’armáziga k’ai hugo! Antolohía’e tehtoh en andalú der Huan Porrah Blanko

   Para aquellos como yo que no están demasiado apegados al terruño, para aquellos que huyen de todo lo que pueda oler a nacionalismos, el hecho de ser andaluz no tiene menor o mayor importancia que el hecho de ser madrileño, valenciano, catalán, gallego o canario, porque al fin y al cabo todos somos españoles. Entiendo que no todos los andaluces sientan mi indiferencia, entiendo el orgullo, entiendo la sangre corriendo por las venas, aunque no comparto su idiosincrasia o su exacerbado nacionalismo. Lo que está lejos de mi comprensión es la existencia de esos curiosos seres que persiguen, defienden y luchan por la libertad de Andalucía. Y si ya es ridículo el hecho de pedir la independencia de Andalucía, los métodos que utilizan los ponen todavía más en evidencia, unas formas muy andaluzas, en el mal sentido de la palabra, y perdónenme si ofendo sensibilidades, pero ante todo hay que aprender a ser críticos con uno mismo. Si en el País Vasco los independentistas radicales ponen bombas, de los independentistas radicales andaluces sólo cabría esperar que se echaran a la calle garrote en mano, con su boina, su pellejo de vino y sus discursitos de pueblerino.

   Un nuevo procedimiento independentista se ha venido fraguando a lo largo de los últimos años. Con motivo del Día de Andalucía se presentó en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla un libro titulado ¡Ehkardiyea l’armáziga k’ai hugo! Antolohía’e tehtoh en andalú der Huan Porrah Blanko. En este libro, como su título indica, se recogen una serie de textos escritos utilizando una ortografía que pretende ser un reflejo fiel del andaluz. Lo grave es que detrás de este libro no se encuentra únicamente un ser infame, er Huan Porrah, sino que además está respaldado por toda una plataforma de pseudoescritores y pseudointelectuales llamada Hunta d’ehkritoreh en andalú. Lo más grave es que, aunque este círculo tiene el apoyo de ciertos sectores de la población, sobre todo por intereses políticos, cuenta también entre sus filas con gente de preparación universitaria. Hasta ahora la prudencia de las editoriales había evitado que se publicaran libros con tamaños disparates y desmanes, y su único medio de difusión había sido internet, pero por fin han conseguido saltar al papel.

   Huan Porrah, filósofo y antropólogo, demuestra tener un absoluto desconocimiento de la lengua. Con un descaro apabullante no sólo llama al andaluz lengua, sino que además utiliza el término aryamía. La aryamía o aljamía es el nombre que recibía el mozárabe, dialecto del latín -al igual que el castellano-, que estaba asentado en una buena parte del territorio hispánico, incluyendo Andalucía, antes de la invasión árabe en el 711. El mozábare sobrevivó hasta el siglo XIII, o tal vez incluso hasta el XIV, aunque la documentación no está claro, ya que era una lengua que no se escribía, sino que era sólo oral. El andaluz de hoy en día no tiene absolutamente nada que ver con el mozárabe ni con la aljamía, sino que es simplemente una evolución del castellano -de entre todos los dialectos del castellano, el andaluz es el más evolucionado-. Así que la denominación que hace Huan Porrah de aryamía, por incorrecta, pone en evidencia cualquier atisbo de rigor científico. Se pueden comprender este tipo de errores de alguien que es ajeno a la ciencia filológica, pero además hay que señalar que junto con Porrah hay algunos filólogos licenciados, como Huarmigé Pereh Porrah o Gorka Reondo Lanzâ, lo que sí hace de esta propuesta una bochornosa idea.

   El primer problema que les ha surgido es evidente. Al intentar reflejar la pronunciación por escrito, hay que tener en cuenta el concepto de idiolecto -o de sociolecto- es que cada persona tiene su forma peculiar de hablar. Esto implica que para evitar que cada persona escriba de una forma diferente, haya que normalizar o estandarizar la escritura. Son muchas las propuestas diferentes para fijar la ortografía del andaluz, pero ninguna de ellas dará cuenta de toda la variedad lingüística de una zona tan amplia y heterogénea. Así pues, para solucionar este problema, un grupo de pseudointelectuales se reúne y decide cómo se debe escribir el andaluz, creando una ortografía completamente artificial y falsa. Como argumento esgrimen que los andaluces no nos sentimos identificados con la escritura castellana, ya que no se corresponde con nuestra forma de hablar, pero ese mismo argumento se puede volver en contra de ellos, porque un andaluz cualquiera tampoco se tiene que sentir representado por su ortografía artificial, ya que nunca puede reflejar la variedad total. La solución es clara: cada persona debe escribir tal y como habla, creando su propia ortografía, y así todos nos sentiremos indentificados con lo que escribimos.

   Otra solución parece más uniforme. Puesto que lo que pretenden es una escritura fonética, ¿qué mejor solución que utilizar un alfabeto fonético? Así, para escribir habría que utilizar el AFI (alfabeto fonético internacional) o el alfabeto de la RFE (Revista de Filología Española). Así todos quedarían contentos. Pero el problema de los idiolectos no se limita a Andalucía. En toda España, cada persona tiene su propia manera peculiar de hablar, luego habría que extender el uso del alfabeto fonético a todo el territorio español. Así se acabarían los problemas ortográficos, porque cada uno escribiría como le salga del culo. Esto es lo que la Hunta d’ehkritoreh en andalú nos propone. A continuación, pongo un pequeño ejemplo de lo que vendría a ser su propuesta:

   (…) Exándole kuenta k’er término “roh/rock” arrehunta en zu ehpuerta armorzáh mu bariáh de lo k’an yegao a zè lah dihtintah familiah, azierpeh ihtórikoh y kontemporanioh der tronkón rokero, ahkí tambié z’ahuntan dehe’r punk/hard-core, roh aflamenkao, heavy, hip hop, rap, ska, reggae, hata lah mah banguardihtah taramah d’ehtiloh mehtizoh. En berdá ke ze be nehezario gorbè en luh la identiá der mobimiento rokero artóhtono pa zu mayór zehlío y dezarroyo de lah karahteríhtikah ke lo hazen úniko, diferente, dezeparao’er “mainstream” internazioná y a la beh mamando de zu meyizo rebotao ke eh er “mainstream” rebindikatibo.

   Huan Porrah

   Evidentemente, ni yo ni una gran parte de Andalucía ─aquí hablo en nombre de muchos─ nos podemos sentir identificados con este engorroso código, que resulta prácticamente ilegible.

   En el manifiesto que firma la Hunta d’ehkritoreh en andalú salta a la vista la clara vinculación política que hay detrás de todo este vergonzoso espectáculo. Cierran el manifiesto con una frase muy clara en ese sentido: «¡Viva Andalucía Libre!», que me parece que no se puede interpretar inocentemente. Además, hay que señalar el apoyo que tienen por parte de ciertos sectores políticos, que por supuesto no podían ser otros más que Izquierda Unida y el Partido Andalucista ─incluyendo otras agrupaciones como Liberación Andaluza o Jóvenes andaluces por la independencia─. No es más, por tanto, que una estrategia política, orientada hacia unos fines muy determinados: la independencia de Andalucía. Pero la lengua, que es soporte de la literatura ─y por tanto soporte del arte─ no se puede doblegar ante las presiones políticas ni ante los juegos de unos pocos astutos personajes que pretenden un claro beneficio propio.

   Este libro, este grupo de intelectuales, estas ideas, que podrían ser una mera anécdota chistosa corren el peligro de convertirse en una amenaza que puede costarle más de un disgusto a Andalucía. En su manifiesto solicitan a la Junta de Andalucía que tome las medidas pertinentes para proteger, dignificar y apoyar la normalización de la modalidad lingüística andaluza, de acuerdo con el Estatuto de Autonomía, promoviendo las iniciativas legislativas que sean necesarias para ello. Pretenden por ejemplo que se establezca como obligatoria la actual asignatura optativa Patrimonio Cultural de Andalucía, y que se dediquen tres lecciones a la modalidad lingüística andaluza (fonología andaluza, léxico andaluz, y literatura escrita en andalú). Esto ya sí que me parece mucho más grave, porque supondría un éxito para estos terroristas del lenguaje y un desprestigio por parte de Andalucía. Esperemos que la Junta de Andalucía no se muestre tan tolerante como nos tiene acostumbrados y dé su brazo a torcer. De momento hay que decir que el señor Huan Porrah ha conseguido llegar a la universidad Pablo de Olavide para presentar su polémico libro. Vergüenza debería dar a una institución pública permitir tal acto. Por suerte, la Real Academia todavía sigue siendo inflexible ante tanta tomadura de pelo. Si Pérez Reverte levantara su patente de corso

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