Pedro Salinas

Pedro Salinas

   «Salinas, como todo poeta (conceptista o no conceptista), quiere crear un mundo con palabras vírgenes; pero a diferencia de otros poetas, cree que la fuente de virginidad está en la voz de Ella, capaz de hacer aparecer todo el mundo nuevo, por arte de magia. En eso consiste su gracia… su locura.

Ahora bien: Ella también puede ser una mentirosa de gran calibre, porque al fin y al cabo es una mujer […]»*

   Joaquín González Muela (edición, introducción y notas de), La voz a ti debida. Razón de amor. Pedro Salinas, Madrid, Castalia, 1989.

   Han pasado 17 años desde que Joaquín González Muela escribiera esta perla sobre La voz a ti debida de Pedro Salinas, y no puedo dejar de preguntarme si entonces ya rechinaba al oído como ahora. Siempre me he mostrado a favor del rigor científico y de lo sistemático en los estudios críticos, aunque por supuesto tengo mis excepciones, como por ejemplo la pasión y el cariño que Dámaso Alonso demuestra en muchos de sus trabajos –no digo que Dámaso Alonso no sea riguroso y sistemático, pero siempre hay algo más–.

   Existen, sin embargo, comentarios en los que no se debe caer, ya sea en burlas o en veras. Posiblemente González Muela se incline hacia la primera de estas opciones, tal vez sea una forma de hablar, o vaya usted a saber qué, pero toda la rigurosidad de un trabajo crítico se puede venir abajo en un solo comentario fuera de tono. Recuérdese que estamos en el ámbito de las ciencias sociales.

   Guillermo Carnero, en su artículo «Criticar al crítico», señala el gusto como la principal capacidad que tiene un crítico para poder legitimar su discurso, algo que sólo se puede conseguir con «ausencia de prejuicios, amplia familiaridad con la literatura, y sensibilidad para apreciarla». Aplíquense el cuento criticastros de medio pelo.

________

*El subrayado es mío

Comentarios

comentarios