Luis Alberto de Cuenca

Luis Alberto de Cuenca

   Hace varios años tuve la suerte de que cayera en mis manos por casualidad un libro titulado Baldosas amarillas publicado por Luis Alberto de Cuenca en 2001 en Celeste Ediciones. Este libro, ya descatalogado, volvió a mis manos tiempo después, y aún puede adquirirse a precio de ganga si se busca concienzudamente en librerías. Pero si no le es posible encontrar Baldosas amarillas, siempre podrá adquirir la reedición que acaba de publicarse recientemente en Ediciones Irreverentes con el título de De Gilgamés a Francisco Nieva. Un itinerario fantástico. No se trata únicamente de vino viejo en odres nuevos, ya que el autor ha añadido cuatro nuevos trabajos, dos de ellos dedicados al Quijote y un tercero a San Juan de la Cruz, que es una prodigiosa e iluminada síntesis de la poesía del místico.

   Puede parecer curioso que Luis Alberto de Cuenca incluya en un itinerario fantástico, junto a Horace Walpole o a Francisco Nieva, uno de los libros fundadores de la novela realista. Pero sucede que el complejo personaje de don Quijote sirve de puente entre lo fantástico y lo real, porque aunque la realidad se transforme al pasar por el tamiz de su locura, no hay que olvidar que esta está templada en el yunque de la sublime cotidianidad, que en cualquier momento puede volver a poner los pies en la tierra, como efectivamente hace en el último momento. No hay que pensar que esa contradicción que cobra forma en don Quijote, uniendo lo triste y lo brillante, la destrucción y la plenitud, sea el resultado del célebre desengaño barroco, sino que, por suerte o por desgracia, es condición indispensable de la vida.

   Dejo aquí el breve pero revelador trabajo «La locura en El Quijote»:

    Cuando a uno lo invaden las luces y las sombras del Quijote sabe que la vida real está en medio, dándole un ritmo de bodegón al paisaje romántico de la locura. No hay personaje, escena, situación o diálogo de la más alta novela que vieron los siglos en que no siente cátedra de señorío o de humildad la miserable y prodigiosa vida de los hombres, esa triste y brillante máscara que reúne destrucción y plenitud en un mismo bouquet de gestos, y que es capaz de circular por el callejón del desengaño con la misma pagana displicencia con que lo hubiera hecho, y para siempre, Eva por las avenidas del paraíso de no mediar el episodio de la manzana. Locura, sí, pero templada en el yunque de la sublime cotidianidad, de modo que, por arte de magia, puede mutarse en la sagesse de Paul Verlaine a poco que la muerte enseñe los colmillos al otro lado del espejo.

   Háganme caso y compren el libro. No se arrepentirán.

   Nota: Si no encuentran el libro en su librería habitual consulten aquí para saber cuál es el distribuidor de su zona y pídanlo.

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