El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks

   Se considera una enfermedad rara aquella que aproximadamente incide sobre una de cada dos mil personas, que en algunos casos puede llegar incluso a reducirse a una cada cien mil personas. Atendiendo a las cifras puede parecer una cuestión baladí la de las enfermedades raras, pero teniendo en cuenta que existen entre cinco y ocho mil enfermedades de este tipo podría hablarse de millones de afectados en todo el mundo. En muchas ocasiones, el interés que puedan generar estas enfermedades, insólitas, exóticas o incurables, no se debe tanto a la búsqueda de una posible cura, como a la información que aportan sobre el propio ser humano.

   Si ya de por sí la investigación se encuentra en un terreno difícil, todo se complica aún más dentro del ámbito de la psiquiatría, donde paciente y enfermedad permanecen tan unidos que en esencia son lo mismo, como demuestra uno de los pacientes, que llega a temer que sin los síntomas de su dolencia quedaría reducido a la nada. Pero si la neurología cerebral parece un camino complicado, lo es más aún cuando se trata del hemisferio derecho, porque como el propio Sacks reconoce «la historia toda de la neurología y la neuropsicología puede considerarse una historia de la investigación del hemisferio izquierdo». Si bien el hemisferio izquierdo es lo característicamente humano, mucho más complejo y especializado y sus unos síntomas son más evidentes, el hemisferio derecho aunque más difuso esconde los secretos de la relación del ser con la realidad. El mayor problema para conocer el hemisferio derecho es que los pacientes en muchos casos no son conscientes de sus síntomas y es casi imposible acercarse a su estado interior.

   Este es el marco en el que se encuadra el libro de Oliver Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, que es un granito más a la investigación del hemisferio derecho del cerebro. La neurología que propugna Sacks, la del hemisferio derecho, defiende el estudio de pacientes antes que de enfermedades. No existe un patrón determinado de patología, sino que son las circunstancias concretas de cada paciente, su historial clínico, el que determina los síntomas y las posible soluciones. Más que de cura habría que decir que los pacientes aprender a convivir y a sobrellevar los síntomas de sus enfermedades, en los casos más evidentes incluso a disimularlos. Lo importante ante todo es observar cómo el organismo reacciona en lo que Ivy McKenzie llama la «lucha por preservar la identidad».

   Oliver Sacks organiza este caos clínico en cuatro partes que titula de la siguiente forma: «Pérdidas», «Excesos», «Arrebatos», «El mundo de los simples». De esta manera, cada patología aparece agrupada con otras semejantes, dependiendo del funcionamiento de los síntomas. El caso más relevante del libro, aunque no el más sorprendente, es el que da título al volumen: «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero». La elección de este caso como título para el compendio se debe a que Sacks considera que cuestiona las bases de la neurología tradicional, puesto que en este caso la lesión cerebral hace que el individuo quede reducido a lo abstracto, a lo categorial. Incapaz de reconocer lo concreto, el doctor P. no sólo no conseguía reconocer las caras o los objetos más simples, cuyos elementos percibía como un conjunto de elementos sueltos incapaces de unirse en un todo, sino que se hallaba perdido en un mundo de abstracciones sin vida. Su forma de reconstruir el mundo se basaba en las relaciones esquemáticas, de la misma forma en que puede hacerlo un ordenador. Así por ejemplo, aunque jugando al ajedrez podía ser invencible, al mismo tiempo confundía a su mujer con un sombrero.

   A lo largo del libro aparecen casos no menos raros que el que le da título: como el del hombre que pierde la memoria en un momento determinado de su vida (recordando perfectamente lo anterior y olvidando lo posterior en cuestión de segundos), el del hombre que caminaba y permanecía inclinado sin darse cuenta de ello, el de la mujer que no podía ver nada de lo que había a su izquierda, o el de la mujer que había perdido la percepción de su propio cuerpo y se sentía «desencarnada» (con la consiguiente pérdida del control del movimiento y la coordinación). A los casos de miembros fantasmas hay que añadir la casuística contraria: el paciente que no reconoce su propia pierna y la ve como un repugnante trozo de carne añadido.

   En el apartado de «Excesos» destaca fundamentalmente el síndrome de Tourette, una patología caracterizada por el exceso de energía nerviosa, lo que lleva a una profusión de extraños movimientos, tics, muecas, ruidos, poses, maldiciones, espasmos, insultos, etc. También es sorprendente el caso de la paciente que tenía neurosífilis o «enfermedad de Cupido», que le llevó a disfrutar de una segunda juventud en el sentido más literal de la palabra a sus ochenta y ocho años.

   Uno de los casos más prodigiosos del libro es el de los Gemelos, dos seres grotescos, desproporcionados y autistas, con una memoria digna del Funes borgiano y una capacidad matemática única, que más allá del cálculo era capaz de vislumbrar mentalmente los números y casi establecía una relación fraternal con ellos. Los Gemelos son representativos de los llamados sabios idiotas, extraños pacientes que pueden presentar un retraso total o parcial y que compensan con alguna cualidad que se ve potenciada.

   Aunque la prosa de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero es densa y abunda en reflexiones científicas el interés que despierta la casuística de los síntomas hace que la obra se deje leer no sin cierto agrado aunque exija un mínimo de esfuerzo y de concentración. Sacks suele dividir los casos en dos partes: la anécdota y las conclusiones. Éstas últimas aparecen al final y en añadidos que hace en postdata, ya que al tratarse de una recopilación de artículos publicados en revistas ha ampliado su información a partir del conocimiento de nuevos casos. Más allá de lo puramente anecdótico, el acercamiento que Sacks propone a las enfermedades, novedoso en la época en que escribe el libro, es hoy en día comúnmente aceptado: no es posible hacer neurología cerebral sin tener en cuenta las características y circunstancias peculiares de cada paciente. La neurología debe tratar antes que enfermedades pacientes.

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