Mortadelo

Mortadelo

   Como muchos de los lectores de mi generación mis primeras lecturas sistemáticas comenzaron con uno de los mejores suplementos infantiles que ha conocido el periodismo español: Gente Menuda del diario ABC. Las revistas clásicas en el género, como Pulgarcito, DDT, Tiovivo o TBO nos pillaban demasiado lejos. En la mayor parte de los casos se llegaría a ellas ya de adultos, después de una búsqueda y un interés por profundizar en el tema. Pero Gente Menuda supo estar a la altura de las circunstancias y ofreció historias de una gran calidad. Por sus páginas se pasearon durante años algunos de los personajes más emblemáticos del tebeo en España: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Superlópez, Anacleto agente secreto, Spiderman, Rompetechos, el botones Sacarino, Tintín o el Capitán Trueno. Después conocí otras publicaciones como Olé, Súper Olé, Mortadelo, Mortadelo Extra, Súper Mortadelo, Zipi y Zape Extra o el nuevo TBO. Se produjo un auténtico boom en el cómic español, equiparable en cierta medida al que se había producido entre los años 1939 y 1975. La guinda del pastel la pondría la publicación de los tomos de Súper Humor, que se dedicarían a recoger y agrupar todas las aventuras de la pareja de detectives, y que recientemente se ha empeñado felizmente en la recuperación de los clásicos.

   Durante muchos años, toda mi niñez y una buena parte de mi adolescencia, mi sueño era convertirme en dibujante de tebeos. Con el fin de conseguirlo pasaba incansables horas copiando los personajes de Ibáñez, que llegaron a obsesionarme y absorberme por completo durante alguna época. Después montaba mis propias historietas, con un estilo en el dibujo y en el guión que recordaba al que para mí fue siempre el gran maestro de los tebeos. Francisco Ibáñez creó escuela, porque su trabajo supuso un punto de inflexión sin el cual no podría entenderse la situación actual del humor gráfico en España: hasta entonces ─y es algo que puede comprobarse perfectamente en su primer Mortadelo─ el humor había sido más inocente, basado en chistes y situaciones cómicas sencillas. Es un tipo de tebeo que no ha sabido envejecer del mismo modo que Mortadelo, y aunque es precisamente ahí donde reside su encanto no ha ido más allá de un reducido grupo de lectores especializados. Mortadelo, en cambio, triunfa: gusta por igual a jóvenes y a no tan jóvenes.

   No hay palabras para explicar lo que suponen para mí Mortadelo y Filemón, engrandecidos por los años, como esas historias que se conocen en la más temprana niñez y que se recuerdan vagamente. Porque al verlos me veo a mí mismo, en aquellas interminables tardes de domingo ordenando tebeos, o veo aquel cuaderno de tapas gastadas que llevaba a todas partes y en el que copiaba los dibujos que llamaban mi atención. Qué más da si el cómic como un género literario o un género híbrido; nada importa si los tebeos allanan el camino hasta lo que se reconoce públicamente como buena literatura o si el dibujo entorpece el texto. Como dijo Borges, la lectura es o debe ser ante todo una actividad lúdica para el intelecto y para los sentidos y las historietas de Mortadelo y Filemón cumplen perfectamente con este cometido, garantizando a todo tipo de públicos y a futuras generaciones horas y hora de diversión.

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