Malos y malditos de Fernando Savater

Malos y malditos de Fernando Savater

   Los personajes malvados son tan importantes en cualquier trama como los héroes, porque sin ellos no habría conflicto, todo sería plano y aburrido, nunca ocurriría nada. No es fácil ser malo, porque encima que animan el cotarro salen con su imagen perjudicada: aparecen como mentirosos, rufianes, deformes, absurdos. No sé si será porque yo también soy malo, pero en el fondo me identifico con Fernando Savater cuando dice que son los malos los que despiertan mayor estima. No sé si esto será verdad, pero desde luego son los más interesantes, por ese toque atractivo que siempre ha tenido lo prohibido, lo oscuro, lo oculto; los héroes resultan demasiado bonachones para llamar mi atención. Piénsese por ejemplo en un profesor Moriarty frente a un Sherlock Holmes o en un Long John Silver ante un Jim Hawkins. No es que no haya personajes buenos interesantes, pero la atracción que provocan muchos malos es irresistible.

   En un breve prólogo Savater propone una distinción conceptual basada en grados de maldad. Primero habla de los malos, que son los que se han creado a sí mismos, los que han elegido entre el bien y el mal éste último como forma de vida. Después se refiere a los malditos, los que practican el mal porque no tienen elección, porque se han visto impulsados por las circunstancias, porque se ven odiados, apartados o discriminados. Por último menciona a los adversarios, generalmente animales, que no pueden ser ni buenos ni malos porque desconocen el significado de estos conceptos. Uno siente una especie de secreta admiración por los primeros, tan brillantes y condenadamente malvados, al tiempo que los segundos nos producen una sincera conmiseración. A la cabeza de los malos están el profesor Moriarty o Lady Macbeth; entre los malditos aparecen Frankestein, el fantasma de Canterville o Sansón Carrasco; serían enemigos los velocirraptores de Parque Jurásico.

   Partiendo de este planteamiento inicial Fernando Savater hace un repaso por una selección de obras clásicas no todas ellas consideradas como juveniles, al más puro estilo de Si una mañana de verano un niño o La infancia recuperada del propio Savater. A simple vista la diferencia entre Malos y malditos y el libro de Roberto Cotroneo es operativa: Savater dedica pequeños textos a cada libro lo que le permite manejar un corpus más amplio mientras que Cotroneo profundiza más en cada libro basándose en cuatro autores. Pero en realidad hay una diferencia más profunda, de perspectiva, que se puede comprobar fácilmente observando la única obra que tienen en común: La isla del tesoro. Mientras que Savater ofrece una invitación a la lectura destacando uno de los elementos más atractivos, en este caso Long John Silver, Cotroneo estudia el papel que desempeña el libro y su utilidad dentro de la adolescencia, desde el punto de vista de Jim Hawkins, y lo que la aventura supone como ruptura de la inocencia infantil. El libro de Savater es más ligero, más suave en sus planteamientos; el de Cotroneo se muestra infinitamente más profundo y estimulante. Esto no quiere decir que uno sea mejor que otro, en realidad tienen distintas funciones, aunque su finalidad última sea coincidente: alentar y estimular la lectura de los libros que se proponen.

   No es que el estilo de Malos y malditos sea sencillo, es que Savater ha buscado deliberadamente un estilo que esté en sintonía con el lenguaje de nuestros adolescentes. No es un libro expositivo, sino que se establece un diálogo con el lector, un diálogo lleno de confesiones y complicidades. Tal vez sea precisamente este estilo entre confesional y coloquial lo que hace parecer que el libro excluye a un público adulto. Aunque es verdad que la obra está dirigida preferentemente a jóvenes no es cierto que sea exclusivo de esta edad. Al lector adulto puede proporcionarle en una lectura ligera herramientas no baladíes para fomentar y estimular la lectura entre los adolescentes. O, ¿quién sabe?, tal vez pueda retrotraerle a la época juvenil, porque hay libros ─con muchos de los que aparecen en Malos y malditos pasa─ a los que es preferible acercarse con la mirada de un joven.

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