Zombie nation de David Wellington

Zombie nation de David Wellington

   La historia de Zombie island no nació con vocación de desarrollarse en una única entrega. Al acabar el libro es evidente que quedan demasiadas cuestiones en el aire como para no plantear una segunda parte, como efectivamente ha ocurrido con una velocidad inusitada. Pocos meses después de que Zombie island apareciera en las librerías de España, ya se puede encontrar Zombie nation, su segunda parte, en la sección de novedades ―y seguramente no habrá que esperar mucho para Zombie planet, la tercera parte―. Sin embargo, esta segunda parte no es una continuación al pie de la letra: es una precuela que ofrece todas aquellas informaciones que se echaron de menos en Zombie island, no sobre la historia de Dekalb, que no aparece en todo el libro, sino sobre el comienzo y el avance de la plaga zombie en Estados Unidos.

   La historia que se cuenta en Zombie nation ya se había anunciado fugazmente en Zombie island. Cuando Gary pregunta a Mael si existen más zombies que hayan permanecido con la inteligencia intacta el viejo druida le responde que en California hay una mujer que ha perdido la memoria, que es precisamente la protagonista de Zombie nation ―por eso se podría especular con que el chico de Rusia es el protagonista de Zombie planet―. Distintas historias y también distintos estilos narrativos. En Zombie island aparecía una alternancia de puntos de vista que oscilaba entre la primera persona para la historia de Dekalb y la tercera persona para Gary. Este juego de narradores se desvela en el último capítulo, cuando Dekalb descubre que él es el narrador único y que ha podido contar la historia de Gary porque él mismo se ha convertido en un zombie. Zombie nation, sin embargo, se limita a la tercera persona y en lugar de mezclar dos historias se van cruzando tres y acaban confluyendo en una sola: la de Nilla, la de Bannerman Clark y la de Dick. La novedad es que Zombie nation incorpora al principio de cada capítulo un fragmento de testimonio relacionado con la plaga ―un recorte de periódico, una entrevista, un trozo de telediario o una simple nota de aviso―, en un estilo documental que recuerda a Guerra mundial Z. Estos fragmentos son más bien anecdóticos en las dos primeras partes de la novela pero en la tercera parte contienen una información que es fundamental para entender el origen de la plaga.

   Aunque los personajes son distintos, con la única excepción de Mael, los planteamientos de ambas novelas son muy parecidos. Existe un paralelismo tan avasallante que casi se podría hablar de autoplagio. El papel de Dekalb es asumido en su totalidad por Bannerman Clark y el de Gary, con importantes matizaciones, por Nilla. El enfrentamiento entre el binomio civilización y barbarie, tema central de Zombie island, vuelve a repetirse casi punto por punto, aunque con un desenlace muy diferente. Si la primera parte comenzaba con un mundo ya devastado por la barbarie, en esta novela se describe cómo los pilares de la civilización tiemblan y se desmoronan ante la barbarie. La única respuesta que tienen los altos mandatarios ante la crisis rinde sus pies ante esa barbarie; en Washington ya se da todo por perdido: la población se sabe condenada, pasa sus últimos días entregados al vicio y apostando sobre cuál será la siguiente ciudad en caer.

   Clark, como símbolo del norteamericano con profundos valores humanos y un sentido moral firme, se siente asqueado ante la reacción de Washington. Su primera reacción ante los infectados no había sido tratarlos como criminales o como bestias, sino como personas enfermas, con familia, con amigos. Éste es el último pensamiento de Clark antes de disparar sobre el primer zombie: «Ella era la madre de alguien, quizá la hermana de alguien. Había gente que la quería, que deseaba que se recuperara de esto». La reacción de Clark no es la de un soldado, sino la de un ser humano. Apretar un gatillo puede parecer fácil, pero incluso para un soldado, que no mataba a otro ser humano desde hacía años y que nunca había disparado a un civil, es una situación nueva y traumática. Clark agota la vía de la civilización antes de asumir que sólo se puede afrontar el problema con barbarie. Al fin y al cabo, el tratar a los infectados como enfermos sólo hizo que la plaga se extendiera más rápidamente. Pero Clark, a diferencia de ese Dekalb completamente obsesionado con destruir a Gary, permanece fiel a sus valores hasta el último momento.

El correlato zombie de Gary es Nilla. Pero entre ambos hay una diferencia abismal. Nilla, al igual que Gary, siente el hambre descontrolada y la atracción por la carne viva. Aún antes de ser consciente de su naturaleza zombie, presencia el atroz asesinato de una enfermera y se da cuenta de que ve el mundo con nuevos ojos: «Aunque antes el cuerpo desgarrado y sangriento de la enfermera la había horrorizado, desde esta perspectiva, la mujer agonizante se había transformado en algo de una belleza casi perfecta». También es capaz de ver la oscuridad que llena el cuerpo de los zombies y su propio cuerpo; y es capaz de empatizar con ellos, de sentir su estado de ánimo, su hambre y su confusión. Una vez más vuelve a aparecer el benefactor desconocido, que no es otro más que Mael, que una vez más ofrece su explicación mítica de la plaga y su plan para destruir a la Humanidad para redimirla. En Nilla, como en Gary, se plantea la lucha entre la moral humana y el instinto animal más primitivo. Pero lo que Gary resolvió con pocos escrúpulos en Nilla es una tensión que no se resuelve hasta el final. Y al tono negativo de la primera parte se contrapone el positivismo de la segunda: a pesar del hambre, de la soledad o del miedo, Nilla se mantiene fiel a su humanidad. Sólo mata cuando es estrictamente imprescindible, y aún en esos casos siente profundos remordimientos. Lo que transformó a Gary en un monstruo no fue sólo su naturaleza de zombie, también jugó un papel importante su maldad intrínseca como ser humano.

Si Wellington había sido original situando la perspectiva de la narración desde el punto de vista del zombie, en esta novela da una vuelta de tuerca a este procedimiento. En la primera parte pudimos ver el mundo a través de los ojos de un zombie que había mantenido su inteligencia, ahora profundiza en el interior de un zombie, Dick, alejado de cualquier atisbo de humanidad, un no muerto normal. Su racionalidad se limita a los instintos más primitivos, sobre todo al hambre y a la necesidad de supervivencia: «El hambre creció en el interior de Dick, se transformó dentro de él, amenazando con consumirlo. Era más grande que él y carecía de cualquier fuerza de voluntad o ego para luchar contra ella». Su percepción de los humanos vivos ha cambiado por completo: «Ya no era capaz de sentir misericordia o compasión alguna. Para Dick, sólo era carne, una comida, algo para picar. No comprendía sus súplicas para que la dejara marchar. El hambre lo poseía. No dejaba espacio para la lástima».

Uno de los grandes atractivos de Zombie nation frente a su primera parte es que por fin se desvela el origen de la epidemia. Al leer Zombie island se sospecha que la plaga no es simplemente una efermedad, porque los zombies tienen una visión del mundo como una distribución de energía y porque hay una red que les mantiene conectados. Clark descubre que la supuesta enfermedad sigue un patrón determinado que arranca de un punto inicial en mitad de las montañas Rocosas. También, en otro momento, se describe una luz cuyo resplandor calma y sacia el hambre de los zombies. No será hasta el último capítulo que se dé una explicación cabal que dé sentido a todo lo anterior.

Quizá Wellington no aporte mucho a la historia de Zombie island con este libro, pero desde luego, si se leyó la primera parte esta segunda es una obra imprescindible. Sobre todo porque ata muchos cabos sueltos y porque ofrece otro punto de vista sobre la epidemia. Si la primera parte está más en la línea de Apocalipsis Z este libro es más bien parecido a Guerra mundial Z.

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