After word, after bomb, Londres, 1940

After word, after bomb, Londres, 1940

   Hace poco un amigo me hizo un maravilloso regalo en forma de libro, concretamente La pasión por los libros de Francisco Mendoza Díaz-Maroto. La portada de este libro me llamó poderosamente la atención desde el primer momento en que el volumen cayó en mis manos. En ella puede verse a dos personas vestidas de época, con trajes, sombreros y gabardina, frente a unas estanterías repletas de libros. Uno de ellos está leyendo un libro que tiene en las manos y el otro está a punto de coger otro libro. Lo que llama la atención es que detrás de ellos, encima de ellos, todo parece estar destrozado, como si el edificio se hubiera caído a pedazos y solo quedarán en pie las estanterías con los libros. A pesar de esta circunstancia, esos dos hombres parecen estar completamente ajenos a los escombros que pisan, su comportamiento es el de cualquier cliente de librería al uso.

   La información que venía sobre la portada ofrecía el título del libro y una difusa ubicación espacio-temporal: «After word, alter bomb, Londres, 1940, Cover». Consultando algunas páginas en Internet he podido ver que la fotografía original, además de estar invertida, es más amplia. Aparece la otra pared de la biblioteca, con otro hombre que también mira una de las estanterías, aunque no parece decidirse a coger ningún libro. También puede verse con más claridad los destrozos, el techo derrumbado, todo el mobiliario destrozado. Lo que no he podido encontrar, por más que lo he buscado, ha sido el nombre del autor de esta fotografía.

   La fotografía, evidentemente, remite al bombardeo que el ejército alemán mantuvo entre julio y octubre de 1940 sobre la ciudad de Londres. El objetivo alemán era acabar con la RAF (Royal Air Force) para poder llevar a cabo con éxito una invasión anfibia de Inglaterra. Al mismo tiempo se atacaron infraestructuras terrestres para tratar de desmoralizar a los ciudadanos británicos y forzarlos de esta manera a firmar un armisticio. Históricamente supuso la primera batalla desarrollada enteramente en el aire, y la más brutal que se haya producido hasta nuestros días.

   Pero lo que me llama la atención de la fotografía, más allá de su valor histórico y documental, es la posible lectura simbólica. Pone sobre la mesa el dualismo, quizá recientemente planteado con tales términos, pero tan viejo como el Hombre, de civilización y barbarie. No quiero interpretar ese acto de mirar a los libros como el volver los ojos, el volverse ignorante, para con el mundo en el que se vive. Muy al contrario, es un acto de rebeldía, una lucha por vencer a esa barbarie, un pulso que demuestra que es posible vivir en otro mundo, en el de la civilización, en el de la palabra. Incluso he leído alguna traducción de la famosa cita de Theodor Adorno que dice: «Después de Auschwitz escribir poesía es un acto de barbarie» ―lo mismo que diría Primo Levi con otras palabras―.

   Esta fotografía me recuerda inevitablemente las palabras de Adorno, casi como si aquellos hombres que miran o cogen libros lo hicieran con libros de poesía. Quiero pensar, con Paul Auster por ejemplo, que la poesía, la literatura en general, es algo completamente inútil, gracias a Dios. Sin embargo, en el acto de mirar el libro no hay necesariamente implícita una venda sobre los ojos. Parece muy aventurado presentar la dicotomía entre civilización y barbarie como blanco y negro, cuando tantos escritores han sido ejemplo vivo de la combinación de ambos, han encarnado el ideal del hombre renacentista, del guerrero poeta, un modelo que culmina con el Quijote, y con Cervantes tras el Quijote. Pero lejos nos queda ya el modelo de las armas y las letras. La poesía, una vez más la literatura en general, más allá de encarnar una herramienta de acción social es un acto de rebeldía en sí mismo, una opción personal para interpretar el mundo desde una determinada óptica.

   Afortunadamente, como se ha demostrado, la poesía si es posible después de Auschwitz, sí es posible después de un bombardeo en una vieja librería londinense, aún entre escombros. Por suerte el ser humano no ha perdido ni parece perder a pesar de todas las calamidades que le ocurren la capacidad para admirar la belleza. Si fuera de otra forma más nos hubiera valido ya reventar todos y empezar otra vez con la Humanidad desde cero.

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