Jazz

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   Interrumpo mi retiro espiritual (o más bien laboral) para “copiapegar” un texto de Jeff Fitzgerald que me ha encantado sobre la iniciación al jazz. Belleza, humor, jazz y burritos, ¿qué más se puede pedir para ser feliz? Sacado de Gec Magazine.

   Jeff Fitzgerald, el genio (como él mismo firma), es colaborador habitual en All About Jazz desde el año 2001. Autonombrado como el “decano de los escritores humorísticos de jazz” intenta (sin mucho éxito) que el jazz llegue a la mayoría de la población. Escribió este artículo como el primero de una serie para que los no iniciados pudieran dar sus primeros pasos en el mundo del jazz. Estas son sus descripciones:

   Para los no iniciados, el jazz puede parecer irrelevante o impenetrable. La banda sonora en la que hombres de mediana edad con una cola de caballo conducen su Volkswagen Passat a supermercados de productos ecológicos, una mezcla de serpenteantes solos y acordes discordantes sobre un ritmo aparentemente no relacionados. El jazz aparece como inaccesible para el ciudadano medio, como si fuera una carta de vinos de 12 páginas en uno de esos lugares en los que a las vainas las llaman “Haricots Verts” como si fueran más importantes que tu o algo así.

   Sin embargo, todos los días encuentro a gente de todo tipo que se expone en algún momento a esta nuestra música que se detienen y piensan: “Me gusta esto, ¿me pregunto qué tipo de música será?”.

   Una vez informados por un transeúnte que, de hecho, es jazz, la mayoría de la gente pasa por las mismas cinco etapas:

1.- Negación. “Esto no puede ser el jazz!”
2.- Cabreo. “El jazz es para las personas con correos electrónicos acabados en .edu y muchos gatos, ¡por dios!”
3.- La negociación. “Tal vez es un poco jazz, pero yo no lo llamaría jazz.”
4.- Depresión. “¿Yo, escuchando jazz? Ahora me tocará comprar los zapatos en una herboristería y un Prius. Y nunca me dejarán entrar en una Sociedad Gastronómica. Estoy perdido”.
5.- Aceptación. “Tal vez el jazz está bien después de todo. Tal vez vaya a comprarme un disco recopilatorio de jazz. Y hasta podría intentar uno de esos Lattes mocha que sirven en los locales en los que se escucha jazz”.

   Tras admitir que el jazz es una alternativa, sin embargo, todavía existe la cuestión de cómo darle sentido al torrente de sonidos nuevos y avanzados conceptos musicales que llegan. A diferencia de la mayoría de la música, el jazz hay que escucharlo. Es decir, se requiere la participación del oyente, en lugar de ser un hilo musical inofensivo para que en los supermercados se haga la compra lentamente y no se robe nada. El problema es que la mayoría de las personas carecen de la habilidad de escuchar de manera activa, porque la mayoría de la música que escuchamos hoy no requiere más que la capacidad de tolerar la interminable repetición de simples ritmos pesados y el uso frecuente de la palabra “culo”.

   La escucha activa es la diferencia entre un burrito de comida rápida y un burrito de un pequeño cuchitril en el que la abuela está en la parte de atrás haciendo las tortillas. El burrito de comida rápida es caliente, rápido, relativamente sabroso, y fácil de conseguir. También es insulso, predecible y seguro. No corres el riesgo de probar algo que no puedes identificar.

   El burrito del cuchitril requiere un poco más de esfuerzo para disfrutar. Se requiere un poco más de esfuerzo para pedirlo, ya que no viene automáticamente llena de proteínas de carne desmenuzada y una pasta amarilla de queso transformado. Se requiere un poco más de esfuerzo para comer, porque hay gustos y texturas que pueden ser más difíciles de averiguar. ¿Dices que es comino? ¿Qué diablos es el comino? ¿Es tan malo como suena? ¿Y qué está haciendo en mi burrito? Tranqui tío.

   Con el esfuerzo añadido llegan el conocimiento y la experiencia. Una vez de que te enteras que “al pastor” no significa “hecho por un cura”, y que el cilantro no es una película del Oeste en la que Elvis se supone que ha robado un cañón de los revolucionarios mexicanos, puede que te encuentres buscando otras cosas que hacen que ese burrito sea tan diferente del otro. Tus sentidos empiezan a despertar, quedas cautivado. De eso trata la escucha activa.

   Aplicando esa metáfora al jazz, empecemos con la tortilla. La tortilla representa el ritmo, ya que ambos lo mantienen todo junto y ambos se benefician de una aplicación generosa de la salsa. La tortilla del jazz se hace con los mismos ingredientes básicos: harina y agua. Estos pueden ser equiparados, ya sea con el bajo y la batería, o el concepto musical de la síncopa mezclada con alcohol. Para nuestros propósitos, vamos a ir con la síncopa y el alcohol, y luego seguiremos hacia el bajo y la batería.

   La síncopa es la idea de hacer hincapié en un tiempo del ritmo que normalmente no se destaca. Es fácil, escucha una canción de pop mientras golpeas el pie con el ritmo. Pronto descubrirás que se puede dividir en las medidas de cuatro tiempos por compás. Una vez que empiezas a contar el tiempo, te darás cuenta de que es algo como “Un, dos, tres, cuatro”. Ahora, intenta hacer lo mismo con una melodía de jazz (vamos a usar uno de Coltrane “Blue Train”), y se producirá un resultado diferente. No sólo vas a estar contando “un-dos-tres-cuatro-, pero te encontrarás cómodamente embutido en un traje ajustado tomando un trago de moda.

   Tal es el poder de la síncopa.

   Siguiendo con el tema, si pensamos en la tortilla del jazz como el bajo y la batería, nos daremos cuenta de varias diferencias significativas: En primer lugar, la tortilla es sólo un envoltorio comestible. Tiene un carácter propio, una textura y un sabor definidos, que añade una dimensión que mejora la experiencia general del burrito. La batería no está relegada sólo a funciones de “llevar el ritmo”, y tampoco se supone que el bajo cumple la única función de mantenerlo todo atado. Son voces específicas con sus propias contribuciones valiosas. O, al menos, eso es lo que les decimos para que no anden revoloteando y mantenerlos lejos de la nevera.

   Dicho esto.

   Dentro de nuestro burrito del jazz, hay carne y queso. Y, posiblemente, un poco de guacamole, tal vez algo de arroz. Esta es nuestra melodía. La mayoría de las melodías son sencillas, tarareables, poco gratificantes. Carne picada inapreciable con un pegote sintético de algo parecido al queso, “Soy un truhan, soy un señor”con un poco de salsa suave. Las melodías de jazz pueden comenzar como algo simple, pero se van haciendo más complejas a medida que avanzan. Esto se debe, en parte, a la improvisación.

   Tomemos nuestro burrito y lo rellenamos con trozos de carne de cerdo (pero de cerdo de calidad). De entrada la vamos a marinar en una mezcla de chiles, hierbas y especias. Ahí está el añadido de la improvisación. Esto permite al cocinero personalizar el plato, hacer que sea suyo, dar rienda suelta a su creatividad. A veces puede arriesgarse y hacer algo inesperado y maravilloso, como añadir algo de piña para el adobo. Otras veces se arriesga y hace algo inexplicable y aparentemente malo, como añadir pasas con chocolate o pastillas Juanola para la tos.

   Lo más difícil para la mayoría de los recién llegados al jazz es aceptar esa libertad que llega con la improvisación. Como ocurre con todas las libertades, existe la libertad de hacer algo extraño. Mientras se entienda que los músicos están tratando legítimamente de expresarse, y no sólo de joder (como en muchos casos), se puede aceptar que los esfuerzos a veces se pierdan. También se podría aceptar las pasas bañadas en chocolate en el burrito, al fin y al cabo los mexicanos han estado cocinando con chocolate durante siglos y te pueden gustar las pasas.

   Bien, chicos, este parece un lugar tan bueno como cualquier otro para interrumpir la lección y daros a todos la oportunidad de ir a buscar uno de esos burritos que has estado anhelando durante 8-10 párrafos. También se puede aprovechar esta oportunidad para escuchar a algunos de los que hemos estado hablando. Cuando volvamos a reunirnos entraré en diferentes tipos de jazz, lo que puede gustar de cada uno de ellos, y cómo elegir el sombrero adecuado para el tipo de jazz que se pueda definir como el favorito.

   Hasta entonces mis queridos pequeños y a disfrutar.

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