Otra televisión es posible

Otra televisión es posible

    El caso de Pablo Herrero nos demuestra es que otra televisión es posible. O por lo menos debería serlo. En octubre de 2011 este periodista y bloguero inició una campaña para evitar que los cadenas de televisión pagasen a los criminales entrevistados. Para conseguirlo envió una carta a las marcas que se anunciaban en los cortes publicitarios del programa de éxito La Noria, un programa que pagó entre 9.000 y 10.000 euros a Rosalía García, madre de “El Cuco”, implicado en la violación, muerte y desaparición de Marta del Castillo. El punto de partida era el siguiente: la imagen de las marcas que ocuparan ese espacio publicitario quedaría vinculada a esos actos inmorales e incluso podrían considerarse patrocinadoras de tales. La campaña, con un seguimiento masivo en Internet avalado por más de cien mil firmas, dio como resultado la retirada de 22 marcas de los espacios publicitarios de La Noria, y finalmente acabó con el cierre definitivo del programa. El David que pudo contra Goliat se leía en algunos artículos de prensa.

    Telecinco, en lugar de rectificar sabiamente, decidió emprender una campaña de desprestigio hacia Pablo Herreros. Una campaña que, por cierto, no tuvo el efecto deseado. La cadena de televisión, que cifra sus pérdidas en 3,7 millones de euros, se amparó en el derecho a la libertad de expresión, haciendo oídos sordos al mensaje inicial de Pablo, que en ningún momento atentaba contra ese derecho. La idea no era que se prohibieran estas entrevistas, sino que se hicieran bajo previo pago a los criminales. Telecinco se agarró a una sola frase de la carta, en la que Pablo advierte a las marcas que de continuar con su actitud se podría promover un boicot a sus productos, y se ampara en esta amenaza para imponerle una demanda ‒que ni una sola de las marcas ha apoyado‒ en la que exige esos 3,7 millones de pérdidas y hasta tres años de cárcel, a pesar de que días después el propio Pablo pidió perdón por esta frase.

    Si, como dice Luis Enrique Alonso en La era del consumo, «los publicitarios sustituyen a los filósofos como guías de la sociedad», la actitud de las marcas no puede ser más coherente. En la era digital hemos asistido a cambios sustanciales en la manera de recibir los productos culturales y de ocio. Primero fueron el sector de la música y del cine; tiempo después vino el mundo editorial; y ahora, poco a poco, estamos empezando a asistir al nacimiento de una nueva forma de hacer televisión, un nuevo camino que debería ir más allá de un superficial lavado de cara digital, como han hecho muchas cadenas limitándose a incluir un streaming en su página oficial. Lo que Internet ha puesto de manifiesto es que los modelos clásicos de recepción han quedado desfasados y deben ser sustituidos por modelos bidireccionales. El consumidor es cada vez menos el receptor pasivo de antaño. Su voz y voto cuenta cada vez más.

    Es una encrucijada decisiva. Telecinco ha ido marcando una forma de hacer televisión. Ha primado cierto tipo de formatos y de contenidos ‒con una sospechosa tendencia al borreguismo‒ pensando en que eran los que más vendían. O por lo menos eso parecía. Pero el caso de Pablo Herrero demuestra que el telespectador no es ese receptor pasivo que se traga todo lo que le echen sin cuestionarse nada; demuestra que una sola persona, con la razón por delante, puede sacar un programa de una parrilla televisiva; demuestra, en fin, que las cadenas tienen que tomarse más en serio los nuevos medios digitales, y sobre todo las redes sociales, y que deben planificar sus contenidos con más cuidado, porque no todos los que están delante de la pantalla pequeña están dispuestos a deglutir cualquier contenido.

    Cuando Pablo Herrero usaba la frase «otra televisión es posible» en noviembre de 2011 se refería a un aspecto muy concreto; sin embargo, la inmoralidad del camino que están siguiendo algunas cadenas, con Telecinco a la cabeza, va más allá del simple hecho de pagar un sueldo a criminales. Es importante y necesario que exista esa libertad de expresión que tanto abanderan, pero siempre es posible tratar de compaginarla con una forma responsable y meditada de hacer televisión.

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