El catálogo Fortsas

El catálogo Fortsas

    El 24 de octubre de 1770 nace cerca de Binche, provincia de Hainaut, Jean Auguste Pichauld Nepomuceno, que con los años llegaría a convertirse en conde de Fortsas y en el más sibarita bibliófilo del mundo. Cualquier libro que formara parte de la colección del conde debía cumplir un requisito fundamental: ser único en el mundo. Si alguna vez llegaba a sus oídos la existencia de otro ejemplar igual, vendía el suyo, lo regalaba o incluso, en un ataque de furia, lo destruía. Dicen que en 1834, después de haber pasado más de cuarenta años gastando grandes sumas de dinero, redujo su colección a un tercio tras la publicación de un exhaustivo catálogo ‒el Nouvelle Brunet recherches bibliographique‒. Después de este desafortunado episodio el conde Fortsas jamás volvió a comprar un libro y su colección se fue reduciendo hasta alcanzar la cifra de cincuenta y dos títulos. Pero, ¡qué cincuenta y dos libros! Ejemplares raros y únicos de un refinamiento bibliófilo insospechado. El Santo Grial de cualquier coleccionista, que estaría dispuesto, sin dudarlo un segundo, a morir o a matar por tener en sus manos siquiera uno solo de esos libros.

    Entre las joyas del conde de Fortsas se incluían dos Ezelviros de los que nadie tenía noticia, un Corpus Juris Civilis de 1663 y un Il Pentamerone de 1675. También tenía una rarísima edición de 1477 de la De consolatione philosophie de Boecio y dos ejemplares que pertenecieron a Hotman y a Leibniz con notas autógrafas. Muchos de los ejemplares debían su singularidad a su carácter subversivo, como el feroz panfleto, con escabrosos detalles, sobre la fístula de Luis XIV o un ensayo de 1794 donde se compara la ejecución de Luis XVI con la de Jesucristo o incluso un ejemplar que ponía en entredicho la reputación de la familia real de Ligne con los affaires de uno de sus miembros.

    Esta sola enumeración de maravillas baste para imaginar con cuánto deseo se frotaban las manos bibliófilos del mundo entero cuando, tras la muerte del conde el 1 de septiembre de 1839, recibieron un escueto catálogo de catorce páginas con decripción detallada y comentario de todos sus ejemplares. A pesar de todo, hubo también coleccionistas que afirmaron que algunos de aquellos ejemplares no eran únicos, que ellos mismos tenían una copia en su biblioteca. En el mismo folleto se informaba de que la colección saldría a subasta el 10 de agosto de 1840, a las once de la mañana, en las oficinas del notario Mourlon, en Blinche, Bélgica. Dicen que incluso la princesa de Linge pidió a un amigo que pujara por el lote 48 para salvar la reputación de su familia.

 
Rernier Hubert Ghislain Chalon

Rernier Hubert Ghislain Chalon

    La mañana de la subasta el pequeño pueblo de Blinche se llenó de bibliófilos venidos desde todos los rinconces del planeta. Jamás antes se había visto tantos y tan refinados amantes de los libros juntos. Era admirable la reunión de extranjeros tan singulares, muchos de ellos con esa palidez del que ha entregado su vida por completo a los libros, escatimándose las palabras y esquivándose las miradas, con el recelo del que se sabe entre enemigos. Había también representantes de gobiernos europeos dispuestos a comprar la colección completa. El propio director de la Biblioteca Real de Bruselas estaba muy interesado en parte de la colección. Pasó la hora acordada y nadie alcanzó a encontrar la casa del notario. Nadie en el pueblo había oído hablar del excéntrico conde Fortsas. Finalmente, cuando apareció una nota aclarando que la subasta se había suspendido porque la Biblioteca Pública del pueblo había decidido comprar todos los ejemplares, los recelosos bibliófilos acabaron confirmando que habían sido objeto de una burla ‒ni había Biblioteca Pública en Blinche ni un notario llamaron Mourlon‒ y de mala gana fueron abandonando el pueblo.

    Años después se supo que la tal colección y el susodicho conde no habían existido nunca. Todo había sido una broma perpetrada por un coleccionista local llamado Rernier Hubert Ghislain Chalon. Ironías del destino, así es como funciona el extraño universo de los bibliófilos, el descarado panfleto de Chalon se acabó convirtiendo en una joya bibliográfica. En el siglo XIX se imprimieron cuatro ediciones del falso catálogo y en el siglo XX algunas más, sin que se sepa con exactitud cuántas circulan hoy en día. Lo que sí se sabe es que se llegan a pagar auténticas fortunas por un ejemplar del imaginario catálogo.

Comentarios

comentarios