Bibliotecas y derechos de autor en la era digital

Bibliotecas y derechos de autor en la era digital

    Hace unos días veía un corte del programa Para todos de La 2 en el que tres expertos (Javier Leiva, Fernando Juárez e Iolanda Bethencourt) debaten sobre el futuro de las bibliotecas en la era digital. Durante casi media hora uno tiene la sensación de que no hacen otra cosa más que marear la perdiz, sin atreverse a afrontar de cara el verdadero problema que de un tiempo a esta parte se ha venido planteando. Sólo Fernando Juárez, en algunos momentos, parece admitir que las bibliotecas están de manos atadas en este asunto: mientras que no se llegue a un acuerdo con sector editorial y cambie la legislación las bibliotecas únicamente podrán prestar aparatos para leer ebooks con títulos que estén libres de derechos de autor; el resto de libros, los que sí están dentro de la propiedad intelectual, no podrán prestarse en este nuevo formato.

    Sin embargo, mientras sigamos pensando que la función de las bibliotecas en la era digital se limita a prestar un lector de ebooks con una montaña de obras clásicas, sin derechos de autor, no habremos avanzado nada. Eso, y como dice Fernando Juárez, asesorar en el uso del aparatito.

    Yo no soy experto en el tema ni he participado en debates pero desde mi ignorancia no puedo evitar preguntarme cómo es posible que se siga viendo como algo imposible incorporar al sistema de bibliotecas digitales los libros con derechos de autor cuando todas las tiendas de libros electrónicos, con Amazon a la cabeza, ya lo han hecho a través de los sistemas de gestión digital de derechos. El famoso y polémico DRM es el resultado de una transacción económica en la que lo que se vende no es la propiedad sino el acceso a la información. Es cierto que el DRM ha sido muy criticado porque supone una limitación en la libertad de uso, cargada de turbias implicaciones, como el hecho de atarse a la plataforma del distribuidor o la duda de quién será el dueño de los libros después de una generación. Ahora bien, aplicado a las bibliotecas digitales puede ser la solución definitiva al problema de los derechos de autor sin la necesidad de tocar ni una coma de la legislación.

    Mi (inocente) propuesta es la siguiente. Cualquier biblioteca puede crear una plataforma al estilo de Amazon, para consultarse a través de Internet o si se quiere con un aparato específico, como es el Kindle; los usuarios de la biblioteca tendrían que abrirse una cuenta en esa plataforma para empezar a utilizarla; los documentos que están dentro de esta plataforma serían enteramente gestionados por la biblioteca, que podría saber cuántas veces me he conectado, cuánto tiempo he tenido el archivo abierto, o podrían borrar el archivo de mi cuenta cuando el préstamo finalice; estos archivos, al tener un DRM, no podrían usarse fuera de la cuenta, en otros dispositivos que no fueran los originales, y por supuesto no podrían copiarse.

    Está claro que hay formas de saltarse estas limitaciones, pero como ya se ve en Amazon, es posible conseguir un nivel de seguridad bastante aceptable. En última instancia, hay que decir que incluso los libros en el tradicional formato de papel tampoco están completamente a salvo de la copia, ya que existen diversos mecanismos para conseguirla como pueden ser las fotocopiadoras, los escáneres o el tradicional método de bolígrafo, papel y paciencia.

    Creo que, llegados a este punto, está bastante clarito que el problema no es precisamente legislativo. ¿Por qué, entonces, no se da el paso que termine por incorporar la digitalización total de todos los fondos y el acceso libre a los usuarios de las bibliotecas públicas del mundo? ¿Es que es tan sumamente caro que solo gigantes como Amazon pueden asumirlo a tal escala? ¿O es que al fin y al cabo el libre acceso a la información no es algo que valga tanto esfuerzo? ¿O quizá existen intereses ocultos por parte de determinados titanes editoriales que están empeñados en perpetuar el antiguo sistema?

    Sea como fuere, es evidente que la era digital es una inmensa ola que lo arrasa todo a su paso. Las bibliotecas parecen estar atravesando un período de stand by, pero en algún momento tendrán que decidir si dan o no el paso final que les abra las puertas al futuro digital. El modelo debe seguir replanteándose. Si una cosa está clara es que en esto todavía estamos en pañales.

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