Liu en pleno proceso artístico

Liu en pleno proceso artístico

   De pequeño adoraba los grandes álbumes de ¿Dónde está Wally? A pesar de todos sus esfuerzos por esconderse, no era demasiado difícil encontrar al hombrecillo de gafas y jersey rojiblanco entre personajes de la Prehistoria, la Edad Media o el lejano Oriente. Si Wally hubiera conocido a Liu Bolin, conocido como el hombre invisible, otro gallo hubiese cantado. Pero empecemos por el principio.

   En 2005 las autoridades chinas destruyeron, por motivos políticos, Suo Jia Cun, una ciudad donde residían 126 artistas y había más de 100 estudios. La mayor concentración de artistas por kilómetro cuadrado de toda Asia, casi nada. Uno de esos artistas fue Liu Bolin. Fue a partir de ese momento que empezó su arte camaleónico, inicialmente a modo de protesta.

   El arte de Liu Bolin es mezcla de performance, fotografía, escultura y pintura. El proceso tiene varias partes. Primero tiene que elegir el escenario y la perspectiva desde la que se situarán él y la cámara. La planificación inicial debe ser meticulosa porque el auténtico protagonista de la mimetización es el escenario. Una vez que está todo preparado se viste con su uniforme militar maoísta y se deja pintar por varios asistentes, un proceso que en ocasiones puede llegar hasta las diez horas y durante el cual Liu tiene que estar completamente inmóvil. Cabeza, cara, brazos, manos, pecho, piernas, pies. Con la técnica del body painting, Liu se deconstruye convirtiéndose en un lienzo humano, fundido con el ambiente.

   El arte de Liu surge en una China que emerge lentamente de los escombros de una Revolución Cultural, un país donde las relaciones entre el Estado y el arte no siempre han sido bien avenidas. Y ya se sabe que en situaciones como esta los ingenios se agudizan y el artista tiene que encontrar la forma de seguir haciendo su trabajo sin vender su alma a los poderes fácticos. Lo que Liu quiso proponerse con su arte camaleónico fue demostrarle al gobierno que jamás podrá acabar con el arte por mucho que se empeñe. Desapareciendo sin moverse del sitio. Así es como Liu afirma su permanencia a pesar de la destrucción. El arte siempre está, siempre sobrevive. El mundo, simplemente, no puede prescindir de él. Aunque la obra de Liu no se agota en esta interpretación. En su serie Escondido en la ciudad también habla de las relaciones entre el Hombre y su entorno, entre el hombre y la ciudad moderna, su progresivo aislamiento y anulación como individuo.

   Su obra ha sido expuesta a lo largo y ancho del mundo en museos, galería y exposiciones. Sus fotografías, de las que hace ediciones de entre cuatro y seis ejemplares, son muy cotizadas, con precios que oscilan desde los 8.500 euros hasta los 14.000 euros. En fin, a pesar de todo, no son precisamente lo que se dice invisibles.

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