Niño escribiendo (Claudel) de Picasso

Niño escribiendo (Claudel) de Picasso

   La literatura es una enfermedad que en ocasiones corre pronto y sin remedio por las venas. Como un reguero de pólvora al que se le aplica una llama. Porque hay escritores que saben que lo son prácticamente desde que nacen. Aprender a leer y a escribir solo les confirma lo que ya sabían de antes. Algunos desarrollan lo mejor de su obra a muy temprana edad, e incluso, después, abandonan la escritura o no vuelven a alcanzar la misma altura.

   El caso más paradigmático de este tipo de escritores es Arthur Rimbaud, que empezó a escribir con 15 años y abandonó la escritura a los 20. Sus obras más conocidas, Una temporada en el infierno e Iluminaciones, fueron escritas entre los 19 y 20 años. Después se retiró y jamás volvería a sujetar una pluma. Pero Rimbaud no es el único caso de escritor de 19 años. Thomas Mann se trasladó a Munich con 19 años y publicó su primer relato, «La caída», que desde luego carece de la genialidad que Mann demostrará en obras posteriores como La montaña mágica o Muerte en Venecia. En España también tenemos nuestro propio caso de joven escritor brillante. Con 18 años Claudio Rodríguez gana el prestigioso premio Adonais con su obra Don de la ebriedad. Este libro, que está considerado como lo mejor que escribió Claudio Rodríguez, causó la profunda admiración de Vicente Aleixandre.

   La juventud es una época de la vida que casa bien con el género poético. Muchos adolescentes y preadolescentes han desahogado sus hormonas a través de encendidos versos no siempre destacan por su calidad. No es este el caso de Gabriele D´Annunzio, cuyo primer libro de poemas titulado Primo vere, escrito a los 16 años, no es precisamente un ejercicio infantil. Muchos de estos poemas, incluidos por las Odas bárbaras de Carducci, muestran ya algunas imágenes y expresiones típicas del poeta adulto y maduro. D´Annunzio escribió este libro mientras estaba en el instituto y durante un verano y su padre tuvo que darle permiso para que fuera editado.

   La literatura juvenil también es un buen caldo de cultivo para los jóvenes prodigios. Christopher Paolini empezó a escribir con 15 años Eragon, un libro que nace de sus ensoñaciones adolescentes. Una vez escrito, Paolini entregó el manuscrito a su familia para que le dieran un veredicto. Estaban tan convencidos de la calidad de la historia que tenían entre manos que ellos mismos decidieron encargarse de la edición, distribución y promoción del libro. En 2002 la editorial Alfred A. Knopf Books for Young Readers adquirió los derechos de Eragon y Paolini se convirtió en un autor reconocido internacionalmente. La autopublicación no es una mala opción para empezar en el mundo de la literatura. Así fue como Cayla Kluver publicó Legacy a los 16 años. Más tarde ganó el Reader Views Literary Awards y fichó con Amazon.

   Frente a Paolini y a Cayla tenemos el caso de Laura Gallego, que se ha ganado por derecho propio un hueco en el Olimpo de los jóvenes talentos. Laura escribió, junto con una amiga, una novela a los 11 años titulada Zodiaccia, un mundo diferente, que puede leerse de forma gratuita en su página web. Su consagración no llegaría hasta los 21 años, cuando se alzó con el premio Barco de Vapor por Finis Mundi. Y es que los jóvenes talentos españoles no escasean. Como Rafael Martín Masot, que con 14 años publicó Abulagos con Editorial Atrio. Una novela que no es precisamente una historia juvenil, sino un drama sobre la vida cotidiana de jornaleros andaluces en la época del franquismo. En su segunda novela, La luna eclipsada, publicada en 2006 por Rocaeditorial habla del mundo interior frustrado de una mujer. El tercero y último de sus libros, publicado en 2010 por la editorial Baile del Sol con el título de La prisión de los espejos, Rafael se centra en los tejemanejes de una organización criminal compuesta por políticos y grandes empresarios, con cierto aire crítico con el mundillo de la literatura.

   Pero todavía es posible bajar más el listón de la edad, hasta límites en los que el acné todavía no es un problema. Son los escritores que pertenecen al club de los 9 años. Auténticos prodigios. Algunos de ellos no han tardado mucho en convertirse en superventas. Ha pasado con Alec Greven y su libro de autoayuda Aprende a hablar con las chicas. A pesar de su corta edad, Alec se permite el lujo de dar consejos para conquistar al sexo opuesto. O con Libby Rees y su libro Ayuda, esperanza y felicidad, que es una completa guía, llena de consejos útiles y maduros, para sobrevivir al divorcio de los padres. Más que precoces, en muchos casos habría que hablar de auténticos niños superdotados. Solo así se explica que Jorge Luis Borges se estrenara en la literatura a los 9 años con una traducción del relato «El príncipe feliz» de Oscar Wilde. O solo así se explica que William James Sidis, considerado por muchos como el hombre más inteligente del mundo, escribiera a los 8 años En lo animado y lo inanimado, sobre cosmogonía y termodinámica, o el Libro de Vendergood, donde se inventa un lenguaje completo basándose sobre todo en el latín y en el griego.

   Una lista de los escritores más jóvenes no podría estar completa sin mencionar al gigante asiático, un país, donde según confirma una encuesta realizada por la compañía Kaijuan aproximadamente el 10% del mercado nacional de obras literarias corresponde a autores de corta edad. En China es un fenómeno tan habitual que una sería imposible mencionarlos a todos. Baste poner el ejemplo de Jiang Fangzhou, que publicó su primera antología de prosa a los 9 años. A los 11 años publicó su primera novela y a los 12 comenzó a colaborar con varios periódicos. Con 15 años obtuvo el primer premio del Torneo de Escritores Adolescentes de China y a los 16 pasó a ser la presidenta de la Sociedad de Escritores Adolescentes de China.

   A pesar de todo, el escritor más joven que conozco es español. Se trata de Manuel Alguacil con su libro Thok, el dragón presumido, un cuento de 45 páginas que escribió cuando tenía 6 años. Manuel era tan pequeño que tuvo que esperar a cumplir 9 años para publicarlo. Finalmente lo ha editado Neverland Ediciones.

Comentarios

comentarios