Serendipia newtoniana

Serendipia newtoniana

   El término serendipia es un neologismo acuñado por Horace Walpole en 1754 a partir de un cuento tradicional persa titulado «Los tres príncipes de Serendip», donde los tres personajes principales resuelven sus problemas a partir de increíbles casualidades. A partir de aquí la serendipia se consolida como un concepto que designa a un descubrimiento inesperado cuando se estaba buscando una cosa distinta. Como en la película de Peter Chelsom de 2001 titulada Serendipity.

   La serendipia ha estado presente en la Humanidad desde siempre. Una vieja leyenda china cuenta que hace más de 2.000 años los fuegos artificiales fueron inventados en la mezcla casual que hizo un cocinero de carbón, azufre y sal de mar. Este concepto ha sido particularmente valioso para las ciencias prácticamente desde sus comienzos. Se dice que Arquímides descubrió su famoso Principio mientras se tomaba un baño, al observar que su cuerpo desplazaba una masa de agua equivalente al volumen sumergido. Su objetivo inicial era averiguar si la corona de Hierón II, gobernador de Siracusa, estaba hecha completamente de oro o si el orfebre le había añadido plata.

   Uno de los casos más conocidos de serendipia científica es la protagonizada por Alexander Fleming. Este científico escocés descubrió la penicilina gracias a que un hongo contaminó una de las placas con bacterias que estaba analizando. Fleming observó que alrededor de ese hongo no se desarrollaban las bacterias. Aunque él no pudo aislarla este descubrimiento dio pie al desarrollo de un medicamento que ha salvado innumerables vidas.

   La fotografía y el cine también se han visto muy beneficiadas por los descubrimientos casuales. En 1725 Johan Heinrich Schulze trabajaba en un nuevo método para conseguir fósforo cuando descubrió que el recipiente donde mezclaba plata y yeso se ennegrecía por el lado expuesto al sol y descubrió que al colocar hojas de papel con palabras estas se quedaban grabadas, quedando fotografiadas en el recipiente. Había descubierto por casualidad el fotograma. Más de un siglo después John Wesley Hyatt trabajaba en un nuevo material compuesto por una mezcla de serrín y papel con cola cuando se hizo un corte en un dedo. Accidentalmente un frasco de colodión que tenía en el botiquín cayó sobre la mezcla e Hyatt se dio cuenta de que el compuesto funcionaba mejor que la cola. Había inventado el celuloide.

   La cocina también le debe algunos grandes inventos a la casualidad. En 1789 Constantine Fahlberg descubrió la sacarina mientras analizaba nada más y nada menos que una muestra de alquitrán de hulla. Parece que Fahlberg olvidó lavarse las manos después de una jornada de trabajo y cuando probó el pan de su sándwich tenía un sabor muy dulce. Dulce como el refresco de cola, que como mucha gente sabe fue descubierto por el farmacéutico John Pemberton cuando mezcló varios ingredientes para conseguir un remedio para el dolor de cabeza. Ocho años estuvo vendiéndose en farmacias y después pasó a ser oficialmente un refresco. Otros utensilios útiles para la cocina que también ha sido descubiertos por casualidad son el celofán, el teflón (usado en sartenes y ollas) y el microondas. Este último lo inventó Percy Spencer en 1945 cuando se encontraba estudiando un aparato de señales de radio con fines militares y se dio cuenta de que la chocolatina que llevaba en el bolsillo se había derretido. El primer microondas tenía un tamaño de un metro y medio.

   El sueño está muchas veces implicado en ese azar descubridor. Niels Bohr no conseguía dar con la estructura del átomo estando despierto, así que un día la soñó. Al despertar la dibujó en un papel y para su sorpresa aquella era efectivamente la configuración del átomo. De un modo muy parecido el químico Friedrich Kekulé dio con la estructura de la molécula de benceno. En su sueño los átomos se unieron formando una serpiente que se mordía la cola como un uróboros. Al despertar supo que lo que estaba buscando era un compuesto cíclico.

   Otros curiosos descrubrimientos hechos por casualidad son el Post-it, que nace de la unión de un pegamento defectuoso y de la necesidad de marcar páginas de salmos en la Biblia; el LSD, cuyo descubridor, Albert Hofmann, alucinó literalmente cuando una mínima cantidad de la sustancia que estaba desarrollando tocó sus dedos y fue absorbida por su piel; y la viagra, inicialmente elaborada para combatir la angina de pecho.

   Lo que la serendipia nos enseña es a no despreciar directamente los errores sin analizarlos con detenimiento. Quizá detrás de ellos se encuentren valiosas enseñanzas que sirvan de inspiración y que nos iluminen otras partes oscuras de nuestras vidas.

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