Cosmopoética

Cosmopoética

   El domingo se repetía por la mañana la lectura en la feria del libro, esta vez con Jesús Aguado, Ana Blandiana, Juana Castro, Antonio Cisneros, Stefan Hertmans y Jaime Siles. Íbamos sobre todo para ver a Jaime Siles, ya que el día anterior no lo habíamos podido ver en la Fundación Gala debido a la falta de tiempo y al agotamiento ante la lectura del incansable Gabriela Frasca. Creo que Siles puso el dedo sobre la llaga de algo que no se ha podido ver mucho en Cosmopoética: el toque culturalista y formalista propio de un filólogo y profesor de universidad, algo que supone un respiro ante tanta divagación metafísica y existencial. Como no podía ser de otra forma, nos deleitó con la forma más clásica, el soneto, que exige una estructura y una selección de palabras muy concreta. La contrapartida es que en un primer contacto con el poema, y más a través del medio oral, es difícil captar plenamente el significado, aunque por suerte antes de recitar cada poema explicaba su contenido, lo que permitía que se pudiera disfrutar más de la musicalidad.

   El recital fue en general muy agradable y conectó bien con el público porque la mayor parte de los poetas eligieron un mismo tema: el amor. Como descubrimiento personal debo señalar a Jesús Aguado, cuyos poemas oscilaron entre la angustia existencial y el más puro humor surrealista, siempre desde un punto de vista entrañable. Es un poeta que no conocía y que desde luego merece la pena. Por otro lado, tendría que señalar como totalmente prescindibles a Juana Castro y a Antonio Cisneros. El segundo de ellos me ha parecido de lo más aburrido que he visto en Cosmopoética, que ya es decir. Blandiana recitó un primer poema magistral, de esos que te ponen los vellos de punta, en el que describía cómo sería la vida si se naciera siendo viejos y se muriera como bebés. El resto de sus poemas eran correctos pero no conseguían destacar.

   La anécdota fue una frase de Ida Vitale, que estaba sentada detrás de nosotros, en la que comentó que probablemente todos los asistentes a la lectura debían ser poetas. Este sencillo y profundo comentario, que no pudo menos que causarme la risa en aquel momento, es en realidad muy significativo en cuanto al lugar que ocupa la poesía dentro de la sociedad, en abierto contraste con el propósito de Carlos Pardo y de Juan Antonio Bernier, los coordinadores de Cosmopoética, de “democratizar” el gusto por la lectura de poesía. Aunque nos pese hay que admitir que la poesía se reduce al fin y al cabo a un pequeño núcleo cerrado y endogámico.

   Tras esta lectura nos despedimos de Cosmopoética, con la aflicción de no poder asistir por motivos de tiempo a la lectura de clausura, en la que participaban figuras tan importantes como Carlos Edmundo de Ory, Pablo García Baena o Ida Vitale. Con todo, nos llevamos un buen sabor de boca de Córdoba y de Cosmopoética en estos tres días en los que prácticamente no ha habido tiempo para descansar. Aunque hemos tenido que soportar momentos absurdos o soporíferos, en general ha sido una expericiencia muy positiva y enriquecedora. Independientemente de que no esté de acuerdo con el propósito de los coordinadores de Cosmopoética, no me cabe la menor duda del valor de este evento, que sirve para fomentar la lectura de poesía, aunque sea en círculos reducidos, el diálogo y la reflexión entre poetas sobre su labor creadora.

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