Sello de la CCA

Sello de la CCA

   Los superhéroes son cosa seria. Y aún diría más, cosa muy seria. Basta echar un vistazo al ilustre libro editado por Tom y Matt Morris Los superhéroes y la filosofía, donde dieciséis filósofos hacen un repaso por los más importantes superhéroes analizando sus implicaciones éticas. Porque, ¿qué hay de común en todas las tramas de superhéroes sino la definición del bien y del mal? Y es que, según la frase que Stan Lee usó para cerrar el primer número de Spiderman y que más tarde se haría tremendamente popular, «un gran poder exige una gran responsalibidad».

   Pero, como ha ocurrido en numerosas ocasiones con los celosos guardianes de la inocencia juvenil, los superhéroes no siempre han sido considerados modelos de virtud. El golpe más duro contra la liga superheróica fue asestado en 1954 por el psiquiatra Frederic Wertham y su ensayo La seducción de los inocentes. En él Wertham arremetió duramente contra los cómics que incluían escenas violentas, sobre todo contra los de superhéroes, por considerarlos un mal ejemplo para los niños. Para Wertham todo este material de violencia, sexo, drogas, robos o asesinatos, era morboso e incitaba a los niños a imitar ese nocivo comportamiento. Para reforzar su tesis fue tomando viñetas de diversos cómics y las acompañaba de sarcásticos comentarios. Algunas de sus curiosas teorías incluían reinterpretaciones en clave sexual en alusión a elementos que él consideraba ocultos. Como, por ejemplo, que Batman y Robin eran amantes homosexuales o que Wonder Woman, por su fuerza e independencia, debía ser lesbiana. Estos superhéroes despertaban en los niños y niñas fantasías homosexuales.

   Aunque la industria del cómic en principio se tomó a risa el libro de Wertham, lo cierto es que este psiquiatra se había ido ganando el reconocimiento del subcomité del senado para la violencia juvenil por varios casos en los que testificó. Wertham no dudó en señalar que los cómics eran el principal movito de la delincuencia juvenil. Aunque el comité no llegó a prohibir los cómics sí recomendó a la industria que cuidara especialmente sus contenidos. A raíz del informe generado por el comité la Asociación de Revistas de Cómics de EEUU, que agrupaba a los editores más importantes, decidió no arriesgarse más de la cuenta y optó por la autocensura, creando la CCA, la Autoridad del Código de Cómics.

Wertham, azote de los cómics, convertido en uno

Wertham, azote de los cómics, convertido en uno

   El código de la CCA incluía normas como la prohibición de escenas de violencia explícita y de cualquier tipo de insinuación sexual por muy velada que estuviera, el triunfo del bien sobre el mal en cualquier circunstancia, la presentación de figuras de autoridad siempre con respeto y de criminales desde un punto de vista sórdido y desagradable y la prohibición de usar determinadas palabras como «horror», «terror», «crimen» o «zombies» y el lenguaje soez y vulgar en general. La editoriales que aceptaron el código debían enviar sus cómics a la CCA, que actuaba como cénsor, para que fueran autorizados y debidamente sellados. Aunque las editoriales se sometían de forma voluntaria a la CCA, en la práctica no les quedaba más remedio ya que las distribuidoras se negaban a trabajar con cómics que no tuvieran el sello de la CCA. Solo la mítica revista MAD logró resistir el embate.

   Hubo que esperar a finales de los años 60, con la aparición del cómics underground, a que los editores ignoraran por completo a la CCA, y siempre bajo canales de distribución no convencionales. A principios de los 70 Stan Lee, editor en jefe de Marvel Comics, escribió un cómic de Spiderman sobre el consumo de drogas a petición del Departamento de Salud de EEUU. Como se trataba de una propuesta gobernamental la CCA tuvo que transigir y se vio obligada a revisar su código para hacerlo más permisivo. En esa misma década apareció la revista británica 2000 AD, que fue el caldo de cultivo para reinventar un concepto de superhéroe al margen de la CCA.

   Curiosamente Wertham, que había pasado a la historia de los cómics de superhéroes como el mayor supervillano, se reconvirtió en esta misma época y llegó a escribir El mundo de los fanzines, donde los defendía como una forma sana y constructiva de ejercitar la creatividad. Este cambio de opinión hizo incluso que fuera invitado a la Convención del Arte del Cómic de Nueva York.

Comentarios

comentarios