Tommaso De Benedetti

Tommaso De Benedetti

   El pasado de enero El País cometía uno de los mayores errores de su historia al publicar una falsa foto de Hugo Chávez intubado y convaleciente en el hospital. Una foto que obligaba al diario a realizar un colosal esfuerzo logístico al tener que frenar la distribución de los ejemplares con la fotografía falsa, retirarlos de los puntos de venta de España, Europa y América, y reimprimir de nuevo el diario. El coste: casi 250.000 euros y una pérdida de reputación y de credibilidad que no tiene precio. Poco después aparecía el profesor de instituto y periodista freelance Tomasso Debenedetti para ponerse la medalla de la autoría de la falsa foto, aunque no hay pruebas fiables que lo demuestren. Rizando el rizo, la periodista Silvia Cobo no se lo cree y lo califica de bulo del bulo.

   Desde luego no es la primera vez ni mucho menos ‒ni seguramente la última‒ que Debenedetti aparece vinculado a grandes fraudes periodísticos. Sus mentiras comienzan, que se sepa, en 2006. Durante cuatro años estuvo publicando entrevistas falsas a intelectuales y personajes del mundo de la cultura en diversos diarios italianos hasta que en 2010 Philip Roth descubrió el fraude. En una entrevista a Roth, Paola Zanutti, una periodista de La Repubblica, hizo referencia a unas supuestas declaraciones del escritor en las que mostraba su desacuerdo hacia Obama, unas palabras que Roth no acertó a reconocer como suyas. La curiosidad picó a Roth y no tardó mucho en dar con la fuente: una entrevista completamente inventada que se suponía que había concedido al diario italiano Libero.

   Pero la mentira no acaba ahí. Judith Thurman, periodista de The New Yorker, investigó el caso, llegando a encontrar decenas de entrevistas ficticias hechas por Debenedetti, sobre todo para el diario Il Piccolo de Trieste. Algunos de los afectados son John Grisham, Toni Morrison, , Gunter Grass, Nadine Godimer, Herta Müller, A. B. Yehoshua, Scott Turow, V. S. Naipaul, José Saramago, J. M. Coetzee, Wilbur Smith, Meir Sgalev, Amos Oz, Elie Wiesel, el Dalai Lama, Lech Walesa, Mijaíl Gorbachov, Noam Chomsky o el Papa. Mario Vargas Llosa, también suplantado por Debenedetti, enumera hasta 79 falsas colaboraciones y se queja en un artículo titulado «La identidad perdida» de la impunidad con que actúa Debenedetti, puesto que ningún afectado ha emprendido todavía acciones legales contra el mentiroso.

   Efectivamente, no hay consecuencias excesivamente graves para Debenedetti ‒hay quien dice que por 20 euros por entrevista qué podía esperarse‒ y su carrera de embaucador ha continuado, encontrando un verdadero filón para los bulos periodísticos en las redes sociales. En 2010 creó una página de Facebook donde suplantaba ‒de nuevo‒ a Mario Vargas Llosa y admitió haber hecho lo mismo con Almudena Grandes, A.B. Yeoshua, Umberto Eco, entre otros escritores.

   Aunque donde Debenedetti ha destacado sobre todo ha sido en Twitter. A través de esta red social ha difundido noticias falsas sobre la muerte de personalidades como J.K. Rowling, Mijail Gorbatchov, Fidel Castro, el Papa o Pedro Almodóvar. Presume, entre otras lindezas, de haber conseguido que subiera el precio del petróleo tras haber anunciado la muerte del presidente sirio Bashar al Asad. También en Twitter se hizo pasar por Umberto Eco para anunciar la supuesta muerte de Gabriel García Márquez.

   Según ha comentado el propio Debenedetti en varias entrevistas ‒estas sí reales‒ lo que pretende con su particular cruzada de imposturas es «demostrar la fragilidad de los medios sociales, en donde cualquiera puede ser cualquiera» y denunciar la velocidad a la que hoy en día se transmiten las informaciones, sin que haya una pausa para contrastarlas y confirmarlas. Aunque también es evidente que hay grandes dosis de afán de protagonismo por parte del desmesurado impostor, que en un alarde de cinismo no ha dudado en declararse a sí mismo como «el campeón italiano de la mentira». Puede permitírselo, desde luego, teniendo en cuenta que ninguna de sus mentiras parece haber tenido la más mínima consecuencia de momento. Seguramente, mientras nadie lo remedie, nos queda Debenedetti para largo.

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