Máquinas de escribir de grandes escritores

Máquinas de escribir de grandes escritores

   Aunque anteriormente hubo descenas de intentos, la primera máquina de escribir tal y como la concebimos hoy en día fue inventada en 1868 por el editor Christopher Latham Sholes con ayuda de sus colegas Carlos Glidden y Samuel Soulé. El invento fue pantentado dos años después, incluyendo el teclado QWERTY, que ordena las letras para reducir los choques y aumentar la velocidad de mecanografía. Sholes acabó por repudiar su invento y vendió la patente a Desmonre & Yost que, en colaboración con Remington e Hijos, sacaron al mercado la primera máquina de escribir en 1873, montada sobre el modelo de una máquina de coser.

   Los oficinistas fueron los primeros grandes usuarios de máquinas de escribir. El romance con la literatura fue posterior. Para muchos escritores aquello de escribir a través de una máquina era algo frío y antinatural, se perdía el romanticismo del contacto directo con el papel. Uno de los primeros grandes escritores que se lanzó a la aventura tecnológica fue Mark Twain. Twain compró su primera máquina en 1874, aunque Tom Sawyer no fue su primer libro mecanografiado. Hubo que esperar hasta 1883 para que se decidiera a dictar su primera novela a un mecanógrafo. Fue La vida en el Mississippi. Otro gran escritor también usó la máquina de escribir para dictar sus obras a partir de 1885. Fue Tolstoi, y la mecanógrafa fue nada más y nada menos que su hija, a la que dictaba sus novelas y la correspondencia. La que Lewis Carroll usó en 1888 para pasar su correspondencia es una auténtica maravilla.

   La máquina de escribir supuso un gran hallazgo para muchos escritores. En Superficiales Nicholas Carr cuenta cómo este invento cambió los esquemas mentales de Nieztsche o de T. S. Elliot. El vínculo llega a ser en algunos casos de pura dependencia. Es lo que le pasó, por ejemplo, a Cormac McCarthy. Desde comienzos de los 60 escribía en una Olivetti Lettera 32. En 2009 su máquina fue subastada por Christie´s por un cuarto de millón de dólares, una suma que fue destinada al Instituto Santa Fe. McCarthy no pudo acostumbrarse a escribir sin su máquina y acabó comprándose una idéntica por cincuenta dólares en una tienda de antigüedades. Y tanta es la pasión que siente Paul Auster por su Olimpia SM9 que le ha dedicado uno de sus libros, The Story of My Typewriter, ilustrado por su amigo Sam Messer.

   ¿Cómo no amarlas si para muchos escritores es una herramienta que ha estado presente en sus vidas desde siempre? Stephen King empezó a escribir con once años en una máquina Royal que su madre le regaló por navidad. Sus primeros libros los escribió con una Olivetti portátil y más adelante pasó a la IBM Selectric. Y no es sentimentalismo barato. Basta con echarle un vistazo a esta lista donde hay decenas y decenas de escritores y el modelo de la máquina o de las máquinas de escribir que utilizaron. Es sorprendente. Y permite saber curiosas similitudes: McCarthy y Philip Roth usan la misma máquina de escribir, al igual que Don DeLillo y Woody Allen.

   Incluso hoy en día, cuando la máquina de escribir parece haber perdido la ballata frente al todopoderoso ordenador, hay escritores como Don DeLillo que confiensan necesitar todavía las viejas máquinas de escribir: «Necesito el ruido de las teclas, de las teclas de la máquina de escribir manual. La materialidad de un tecleo tiene un peso, es como si usara martillos para esculpir las páginas. Es como si labrara el mármol, solo que mis trabajos son bidimensionales: me gusta ver las palabras y las frases cuando van tomando forma».

   A continuación unas cuantas fotografías de escritores acompañados de sus queridas y necesarias máquinas de escribir, algunas de ellas tomadas de Flavorwire. Empiezo con un bonito montaje tomado de Interactivity donde pueden verse bastante bien las máquinas de escribir de algunos de estos escritores.

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