Huelga contra la ley Wert

Huelga contra la ley Wert

   Es cierto que la LOMCE aparentemente se basa en buenas intenciones: reducir las cifras de abandono escolar y mejorar los resultados académicos. Pero no nos engañemos, de buenas intenciones está lleno el infierno. La reforma educativa que propone ‒e impone‒ Wert es un importante varapalo para la educación pública, y como de costumbre se hace sin consenso y con el convencimiento de que ninguno de sus puntos es revisable ni mejorable. Las manifestaciones que han llevado a la calle a decenas de miles de personas demuestran que la reforma no convence a ninguno de los sectores educativos. Aunque, visto cómo está el panorama, tampoco hacen falta muchas excusas para montar manifiestaciones. Baste recordar que, crisis aparte, en los dos últimos años se han llevado a cabo recortes en la educación pública por valor de 3.4000 millones de euros.

   De cualquier modo, dejo aquí, a modo de recordatorio, 10 razones por las que decir no a la ley Wert.

   1. Agotamiento educativo y económico:

   Es evidente que algo falla cuando se sabe que esta es la octava ley de educación en 35 años de democracia. Independientemente del gobierno que esté al frente, la educación se ha politizado demasiado, lo que implica que siempre que haya que cambiar de partido sea necesario hacer un cambio en el sistema educativo. Además, para colmo de males, implantar la reforma educativa costará unos 400 millones de euros al Estado y más de 900 millones a las autonomías. Para compensar este gasto económico se masifican todavía más las aulas, aumentando la ratio en un 10%.

   2. Concepción de qué es la educación y para qué sirve el sistema:

   La ley anterior entendía la educación desde un punto de vista social, para formar ciudadanos responsables, respetuosos y solidarios, mientras que la nueva ley entiende la educación desde un punto de vista puramente económico, como una forma de hacer ciudadanos cualificados y empleables. Vale, quizá me ponga algo quisquilloso en este aspecto, pero para los que tenemos un espíritu soñador es un detalle importante.

   3. Ataque a la educación pública:

   Es quizá uno de los puntos más chocantes y conflictivos. Se elimina la ley que prohibe subvencionar a los colegios que discriminan a sus alumnos por razón de sexo. Es decir, que todos los ciudadanos pagaremos la educación que discrimina sexos en los centros privados. Los conciertos a estos centros se amplían a etapas postobligatorias, como es el caso del bachillerato. Además se abre la puerta a una posible privatización del sistema al incluir, de forma ambigua, a agentes privados con capacidad reguladora.

   4. Se mejoran los resultados quitando alumnos de en medio:

   Así cualquiera mejora resultados. Los alumnos que suspendan dos veces 2º de ESO pasarán a una FP básica donde podrán obtener un certificado de profesionalidad del Ministerio de Trabajo que acreditará que son aptos para determinados oficios. La mitad de la formación se hace como prácticas, que como todo el mundo sabe es la nueva forma de contratar sin tener grandes gastos. En fin, mano de obra barata.

   5. Un paso más para politizar el sistema y hacerlo menos democrático:

   La política lo teñirá absolutamente todo en los centros educativos. Los directores deberán completar un proceso de formación, después del cual recibirán una acreditación del Ministerio. De esta forma, será el Gobierno el que los elija. A su vez, los directores tendrán potestad para contratar directamente a docentes, por lo que el ciclo se cierra. En principio se dice que será solo excepcionalmente y para profesores bilingües, pero esto supone ya un primer paso para futuros cambios en este sentido. Por otra parte, el Consejo Escolar no se elimina pero casi: pasa a ser un órgano meramente consultivo.

   6. Centralización del sistema educativo:

   La reforma educativa está en la línea de un gobierno centralista como el que tenemos. Aunque la educación es una competencia de las autonomías, el Ministerio reducirá esas competencias y aumentará el control sobre los horarios y fijará los contenidos para las materias troncales.

   7. Diremos adiós a la Selectividad y volvemos a la antigua reválida:

   Se suprime la Selectividad, pero a cambio se crean tres nuevos exámenes: el primero en 6º de Primaria ‒consultivo‒, el segundo al final de la ESO y el tercero al final del Bachillerato. Si no se aprueban las dos últimas reválidas no es posible pasar a la siguiente etapa. Al suprimir la Selectividad, que era una prueba homogénea, se deja el acceso universitaroio a criterio de cada Universidad.

   8. Educación para la Ciudadanía y Religión:

   No es difícil entender por qué son las materias más polémicas: son las más descaradamente ideologizadas. La nueva ley suprime la asignatura de Educación para la ciudadanía, a pesar de que fue creada por recomendación del Consejo de Europa, a cambio de aumentar el número de horas lectivas para Religión, que pasará a equipararse a las demás en un estado presumiblemente laico. Además se adopta una nueva asignatura como alternativa a la Religión llamada Valores Culturales y Sociales, algo que se hace por recomendación de la Conferencia Episcopal.

   9. Desmantelamiento del sistema lingüístico:

   Ese centralismo del que hablaba no iba a ser menos en lo referente a la lengua. Es verdad que hay que darle al castellano la importancia que se merece, pero no a costa de las lenguas cooficiales. Estas últimas rebajan su categoría y pasan a ser específicas, al mismo nivel, por ejemplo, que la Educación Física. Además le pasa a las autonomías una desagradable patata caliente: si un alumno solicita estudiar en castellano y no es posible porque en esa zona no haya oferta, la administración debe encargarse de escolarizarlo en un colegio privado.

   10. Competencia entre los centros:

   Se crearán rankings de centros, de forma que habrá algunos que se sitúen como los mejores y otros como los peores. Esto da pie a que se haga juego sucio mpara subir en el ranking y además convertirá los últimos centros en auténticos guetos.

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