Toilette de Leandro Erlich

Toilette de Leandro Erlich

   El arte del argentino Leandro Erlich es de esos que te deja sin palabras. Sus instalaciones se convierten en un continuo cuestionamiento de la realidad cotidiana y de sus límites a través de efectos ópticos y otro tipo de simulaciones en las que manipula espacios y situaciones, conformando su propia realidad. Como frecuentemente las obras de Erlich exigen la interacción del público, que tiene que entrar dentro de la obra e interaccionar con ella, es como si entraras en una nueva realidad con unas reglas completamente distintas. Así consigue Erlich que el público quede completamente integrado dentro de su obra.

   En 2004 creó para la Noche en blanco de París su obra Bâtiment (Edificio) en la que consigue alterar la gravedad para que el público pueda trepar, moverse libremente o pasear por la fachada de un edificio. Conseguirlo no fue nada fácil: colocó en el suelo la reproducción de la fachada de un edificio victoriano y con un sistema de andamiajes situó un espejo justo por encima, con una ligera inclinación, de forma que quien estuviera en el suelo sobre la fachada pudiera verse reflejado en el espejo. La ilusión que se crea hace que veamos a la gente colgada o suspendida en el aire, como si se convirtieran en Spiderman. En 2011 volvió a montar su instalación en Le Centquatre, en París, como parte de la exposición In_Perceptions. Este verano ha aplicado la misma idea para montar, por petición del Barbican, su Dalston House en Hackney, Londres.

   Una de las obras más increíbles de Erlich es Swimming Pool, instalada de forma permanente en el 21st Century Museum or Art en Kanzawa, Japón. Se trata de una piscina aparentemente normal, llena de agua, pero si miramos dentro veremos que en el fondo hay personas completamente vestidas caminando con total normalidad. Efectivamente, el público puede entrar dentro de la piscina bajando por una escalerilla habilitada para tal efecto y pasear por el fondo manteniéndose totalmente seco. Al levantar la vista el efecto de la visión borrosa es completo. El truco, una vez más, no tiene mucho misterio: existe una lámina de vidrio sobre la que circula en agua en la parte superior de la piscina.

   En 2008 presentó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía su obra La Torre. En ella vuelve a poner en jaque a la ley de la gravedad con un edificio que aparenta ser un bloque de apartamentos, con sus ventanas y sus pasillos, pero que en realidad es una instalación en la que un calculado sistema de espejos permite que el espectador de la planta baja vea lo que está ocurriendo en la superior y viceversa. El resultado es que dentro del edificio el público muchas veces parece que está flotando. Se crea un complicado juego de espejos y de perspectivas que desorienta a quienes están dentro y fuera del edificio y en el que cada espectador ve y es visto dependiendo de dónde esté situado.

Peluquería

Peluquería

   También en 2008 para la Segunda Bienal de Singapur montó su instalación Peluquería, en la que la que hay tres espejos que no reflejan a las personas que se ponen frente a ellos. Para conseguirlo Erlich tuvo que montar un salón de peluquería y su copia exacta a la inversa. Ambas salas se comunicaban a través de los espejos, que en realidad eran ventanas. Cada detalle de la primera habitación tiene que ser reproducido a la inversa en la segunda habitación. Los letreros, por supuesto, están invertidos, e incluso el reloj está diseñado a la inversa.