La suerte de las marionetas de Lucas Barrera

La suerte de las marionetas de Lucas Barrera

   La historia empieza como las grandes novelas del género negro, con un suceso aparentemente inexplicable: un mimo se inmola en el centro de Tallin, capital de Estonia, para matar a una chica cualquiera. Allí se traslada, para investigar el misterioso asesinato, el detective Dean Rives, aunque por poco tiempo. Pronto será retirado del caso ‒y es que desde el primer momento el fracaso le persigue‒ y enviado a la otra punta del mundo a una nueva misión, si es posible todavía más incomprensible que la primera. Así es como La suerte de las marionetas divide su estructura en dos mitades casi milimétricas. Por una parte los países de Europa del Este y por otra Brasil. Frío y calor. Aparentemente los dos polos opuestos, aunque Estonia no desaparece por completo del relato y seguramente ambos casos están más relacionados de lo que pudiera parecer en un principio. Aviso: al final todo encaja como en un puzle de dos mil piezas.

   Un lector de novela negra detectará rápidamente que La suerte de las marionetas tiene aroma a Henning Mankell. Seguramente no será difícil pensar en Los perros de Riga. No tanto porque la trama se desarrolle en Estonia o en Letonia como por el parecido que hay entre ambos mundos narrativos. Desde luego, Lucas Barrera tiene más de Chandler que de Hammett, aunque el personaje de Dean Rives esté más cerca de Kurt Wallander que de Philip Marlowe. La caída vital de Rives recuerda mucho a la de Wallander: el derrotismo y el fracaso une a estos dos antihéroes. La incomunicación y la soledad también son puntos en común, más acentuados si es posible en el caso de Rives, que no cuenta absolutamente con ningún tipo de asidero emocional. Es un personaje desarraigado, nacido en Valencia, de madre inglesa, que vive en Londres, y que en realidad no pertenece a ninguna parte. Sin hijos, con su esposa muerta en circunstancias que solo se van aclarando al final de la novela, Rives está completamente solo. Solo y en un bache emocional profundo, en una espiral autodestructiva en la que todo parece estar fuera de control, completamente ajeno a él.

   No tardarán en aparecer los personajes que van a complementar a Rives: Balotelli y Dragunov. El primero un sacerdote supuestamente al servicio del Vaticano, el segundo un ex‒agente del KGB. La técnica de construir por oposiciones usada en el espacio se reproduce en los personajes. Balotelli se presenta como un individuo cínico, descarado, a ratos insolente y más charlatán que otra cosa. El contrapunto justo que Rives necesita. Dragunov, en cambio, es callado, metódico, un tipo de esos que obedece sin hacer preguntas. Una mole con un aire a lo Marv de Sin City ‒tanto como Rives a lo John Hartigan‒. Así se describen, al menos en un primer momento. Como la trama, los personajes irán evolucionando, mostrando matices ocultos que les llevarán por derroteros insospechados.

   El hecho de que uno de los protagonistas de la novela sea sacerdote no es un elemento al azar. La religión es uno de los pilares temáticos sobre los que se sustenta la historia. Si el Vaticano está de por medio es porque la misión que les lleva a Brasil a investigar una serie de asesinatos en el pequeño poblado de Manaos tiene que ver con los supuestos milagros de un viejo cura, el padre Dragaza. Balotelli se presenta rápidamente como un sacerdote muy poco al uso. Con un corazón más lleno de ciencia que de fe y una interpretación muy personal del cristianismo y de sus normas. La visión que se va desgranando de la religión es la de un sistema podrido desde la base, con sus supersticiones y sus fanatismos, hasta lo más alto de la cúspide, con sus ambiciones, sus intrigas y su falta de escrúpulos. Las iglesias, como espacio físico que representan la religiosidad, se describen como lugares lúgubres y «oscuros, de secretos morbosos y pecados inconfesables». De hecho, el viaje que protagoniza Balotelli a las profundidades del infierno culmina en una de esas iglesias. Claro que el descenso es progresivo. Primero pasa por la podredumbre, el hedor y las supersticiones de un barrio de chavolas de Manaos. Allí comprobará hasta dónde puede llegar la crueldad y la miseria humana. Solo después llegará al verdadero santuario de los horrores, descrito con una minuciosidad única en la novela. Un mundo subterráneo de velas y de pesadillas, de estampas y de locura. De todo tipo de iconos de santos y de vírgenes y de personajes deformes y mutilados, más demoníacos que humanos. Y al final, como si del mismísimo infierno se tratara, el precio que tendrá que pagar Balotelli por conocer la verdad será quizá demasiado alto.

   Llegados a este punto, justo a la mitad del libro, Lucas da un inesperado giro de 180 grados a la trama y cambia radicalmente la manera de narrar. Parecía que la misión de Brasil iba a ser el argumento central, pero en realidad solo era el preludio de lo que estaba por llegar. Eso sí, todo parece ir encajándose según lo previsto. Cada vez más, se van disparando pequeñas dosis de narración dedicadas a cada uno de los personajes. Todo muy cinematográfico ‒se nota que es un medio en el que el autor se ha movido y que lo conoce bien‒. La acción va acelerando a un ritmo trepidante, prácticamente a contrarreloj. Por supuesto, nada es lo que parece. La suerte de las marionetas juega con una deliberada ambigüedad entre lo real y lo aparente y, por supuesto, entre el bien y el mal. Como en el mundo real, ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. La misma ambigüedad con que termina la novela. Final abierto, que dirán algunos. Aunque yo prefiero pensar en la necesidad de huir de maniqueísmos baratos.

   Que tenga esa ambigüedad no significa necesariamente que no se moje. El mensaje, aunque con un cierto grado de esperanza, está lleno de crudeza de principio a fin. El individuo normal, de a pie, enfrentado al sistema, no es más que una marioneta a merced de la suerte. A veces sale cara y a veces cruz. A veces vida y a veces muerte. Y no nos engañemos: los hilos de eso que llamamos suerte siempre los maneja alguien. Rives es quizá la prueba palpable de que es posible rebelarse, de que uno puede manejar su propia vida y convertirse en el dueño de su destino. Ese es el espacio reservado para la esperanza.

   En fin, si a todo esto se le añade además un estilo fresco y directo y una documentación impecable, con las libertades justas y necesarias, La suerte de las marionetas es un libro que, desde luego, merece la pena leer. Y por si no ha sido suficiente y todavía no te has convencido, un último argumento a su favor, este completamente extraliterario, es que está a la venta en Amazon a un precio insignificante, 0,99 euros. Si te gusta la novela negra te aseguro que no te arrepentirás.

   Libro en busca del autor desconocido