La circuncisión de Cristo de Bartolomeo Biscaino, siglo XVII

La circuncisión de Cristo de Bartolomeo Biscaino, siglo XVII

   Durante toda la Edad Media circulaban por Europa innumerables reliquias relacionadas con Jesucristo. Tantas que muchas veces había decenas de copias de una misma reliquia que competían entre sí por ser declaradas como verdaderas. Normalmente eran objetos que habían entrado en contacto con Cristo en algún momento de su vida, pero en el 800 d.C. aparece una reliquia distinta a las demás. Es quizá la más valiosa de todas, porque es mucho más que un simple objeto, es algo que proviene directamente el cuerpo de Cristo, o más bien una parte su cuerpo. En concreto es su prepucio, que según relata la Biblia fue retirado a Cristo ocho días después de su nacimiento. A partir de la época medieval, el prepucio de Cristo se convierte en el protagonista de un apasionado debate teológico sobre si se quedó en el mundo terrenal después de que Cristo ascendiera al Cielo o subió con él. Todavía en el siglo XVII el teólogo Leo Allatius escribe un ensayo en el que defiende que el Santo Prepucio ascendió con Cristo y acabó convirtiéndose en los anillos de Saturno.

   El Santo Prepucio aparece por primera vez como un regalo de Carlomagno, según el cual lo había recibido de un ángel, al Papa León III. Sin embargo, como el resto de reliquias, pronto empezaron a multiplicarse por toda Europa, hasta llegar a la cifra de 21 prepucios distintos. Muchas iglesias empezaron a competir por demostrar la autenticidad del suyo. En el siglo XII los monjes de la Archibasílica de San Juan de Letrán en Roma intentaron que el Papa Inocencio III nombrara su prepucio como auténtico pero no lo consiguieron. Sí tuvieron más suerte los monjes del monasterio de Charroux, en Francia, que se presentaron en Roma con el supuesto prepucio, que según ellos debía ser el verdadero porque sangraba, y consiguieron que el Papa Clemente VII lo declarara como el auténtico prepucio de Jesucristo y garantizara indulgencias a todos los que peregrinaran para contemplarlo.

   La valiosa reliquia fue robada de Charroux y no reapareció hasta 1856, fecha en la que un obrero lo encontró en un relicario dentro de una pared. Se construyó una nueva iglesia para acogerlo e infinidad de fieles hicieron cola para verlo. Pero entonces se descubrió que ya existía otro Santo Prepucio en el pueblo de Calcata, en Italia, que también había sido reconocido por la Iglesia y que se veneraba desde hacía siglos. Como resultado del enfrentamiento entre ambas reliquias, en el año 1900 la Iglesia Católica decidió que el hecho de que las partes íntimas de Cristo llamaran tanto la atención era una «curiosidad irreverente» y después de declararlas todas como fraudes dictaminó que cualquiera que hablara o escribiera sobre el Santo Prepucio sería excolmulgado.

   A pesar de todo, el Santo Prepucio de Calcata siguió exponiéndose públicamente por las calles de la ciudad con motivo de la Fiesta de la Circuncisión hasta que en 1983 fue robado. A día de hoy todavía sigue en paradero desconocido. De hecho, después de la postura que oficialmente tomó la Iglesia sobre la supuesta reliquia hoy no es posible encontrar ningún ejemplo de ella.

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