Protágoras

Protágoras

   Según Platón, Protágoras de Abdera, al que dedica uno de sus diálogos, fue el primero de los sofistas profesionales. Su fama como experto en retórica era tan conocida por toda Grecia que podía permitirse el lujo de cobrar unas tarifas exorbitantes a cambio de transmitir sus conocimientos. De hecho, su astucia se hizo célebre en todo el mundo antiguo. El autor latino Aulo Gelio cuenta en sus Noches áticas una anécdota que ejemplifica a la perfección esa astucia.

   Cuenta Aulo Gelio que Protágoras acogió como discípulo a Evatlo en su academia. Llegaron al siguiente acuerdo: Evatlo completaría su formación y solo pagaría a Protágoras sus honorarios cuando hubiese ganado su primer pleito. Cuando Evatlo por fin hubo terminado no era capaz de conseguir ningún cliente, así que según rezaba el acuerdo que había hecho con Protágoras no tendría que pagarle. El tiempo iba pasando y como Protágoras terminó impacientándose decidió demandar a su antiguo alumno.

   Protágoras pensaba que las tenía todas consigo: si ganaba el tribunal obligaría a Evatlo a pagar y si perdía, según el acuerdo que habían hecho, Evatlo habría ganado su primer juicio y por tanto también tendría que pagarle. Ganara o perdiera recibiría sus honorarios. Aunque parece que Protágoras olvidó que Evatlo también era sofista y no contaba con que le diera fácilmente la vuelta a sus argumentos: si él ganaba el tribunal resolvería que no tendría que pagar y si perdía no cumpliría con lo pactado y tampoco tendría que pagar.

   Parece difícil darle la razón a cualquiera de los dos, aunque no es menos cierto que a Evatlo le hubiera bastado con contratar a un abogado para que se hiciera cargo del caso y romper así la paradoja.

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