El rollo de En el camino

El rollo de En el camino

   Pocos un manuscrito son tan fieles al espíritu original de la obra como lo es En el camino de Jack Kerouac. Si nunca lo habéis visto no esperéis encontrar el típico montoncito de hojas una detrás de otra. En el camino es muy diferente a cualquier manuscrito tradicional: se trata de un rollo de 30 metros de papel continuo que fabricó el propio Kerouac con un tipo de papel normalmente utilizado como borrador para proyectos de arquitectura. Kerouac se refería a él como «el rollo», un apelativo que ha acompañado a la novela como subtítulo en algunas ediciones. Cuando se extiende el resultado es un larguísimo manuscrito ininterrumpido que se asemeja por completo a ese camino al que alude el título de la novela.

   Kerouac no lo hizo así en un arranque de originalidad. Su objetivo era encontrar la manera de no tener que preocuparse por estar cambiando el papel y centrarse exclusivamente en escribir. Y es que el autor ha sido calificado en más de una ocasión como el Charlie Parker de la literatura por su ritmo frenético de escritura y su capacidad de improvisación. Como resultado de ese bebop literario, que le llevó a teclear hasta doce mil palabras el primer día, Kerouac tenía la obra escrita en tres semanas, sin ayuda de ninguna otra droga distinta al café. Eso explica que la novela fuera mecanografiada sin márgenes ni párrafos diferenciados, como si el parar de teclear fuera a desacelerar el estallido de su prosa. Kerouac llegó a declarar: «Fui rápido porque el camino es rápido».

   Sin embargo, justo antes de llegar al desenlace ese camino se interrumpe. El manuscrito de Kerouac está inconcluso porque donde debería estar el final hay una nota manuscrita que dice: «Se lo comió el perro». Ese perro en cuestión era Potchky, un cocker spaniel que en realidad no era propiedad de Kerouac sino de su amigo Lucien Carr. A día de hoy nadie sabe cuánto de En el camino llegó a comerse Potchky. Aunque hay quienes dicen que es una historia inventada por Kerouac, que no le gustaba la conclusión original y decidió arrancarla del rollo o incluso que nunca tuvo un final.

   Actualmente, aunque incompleto, el rollo pertenece a James Isray, propietario del equipo de fútbol americano Indianapolis Colts, que en mayo de 2001 se lo compró a través de Christie’s al sobrino de la tercera y última mujer de Kerouac por 2,43 millones de dólares, el precio más alto alcanzado por una obra literaria hasta esa fecha.

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