Fin

Fin

   En una ocasión hice un repaso por las que yo consideraba como las mejores frases iniciales de la literatura castellana. Decidí ceñirme a la literatura castellana por aquello de no incluir traducciones, convencido de que la fuerza del inicio de una novela está en la combinación exacta de palabras, algo que solo es posible captar plenamente en su lengua original. Algún tiempo después se me ocurrió hacer exactamente lo mismo con frases finales, algo que es menos habitual que lo primero. Pero, para mi sorpresa, me ocurrió la siguiente situación: mientras que la lista de frases iniciales la tenía bastante clara, no conseguía recordar ninguna frase final que me hubiera impactado. Sí recordaba muchos finales, algunos tremendos, pero ninguna frase exacta, a excepción de uno, el final de la Regenta, que es muy inesperado. ¿Por qué será que tengo en la cabeza tantos principios de novelas y no hay casi ningún final?

   Entonces recordé una frase de Richard Peck, que decía que «el primer párrafo es el último disfrazado». ¿Solo es válida esta afirmación para párrafos completos o también puede aplicarse en frases iniciales y finales? De hecho, en algunas novelas ni siquiera hay disfraz, como en Si una noche de invierno un viajero, donde Italo Calvino empieza diciendo «Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero» y cierra el círculo con «Estoy a punto de acabar Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino».

   Pero volvamos a la literatura castellana. Como seguía sin ocurrírseme ningún final, decidí hacerle la prueba del algodón a la frase de Peck. Así que he elaborado una lista de frases finales tomando exactamente las mismas novelas que elegí para las frases iniciales en el mismo orden. Cualquiera podrá decirme que no son las mejores frases finales de la literatura castellana porque en realidad no sabía de antemano qué me iba a encontrar. Pero si es verdad que existe ese vínculo entre el principio y el final de una novela, no se me podrá negar que si el principio es bueno el final también debe serlo por fuerza.

   Para que el resultado de este ejercicio tenga sentido en algunos finales he tenido que hacer pequeñas trampas. Por ejemplo, el Quijote utiliza la palabra «vale» a modo de cierre, así que he incluido la frase anterior. Más complicado es poner el final de Rayuela, que tiene dos formas de leerse y la segunda no tiene final porque es circular ‒en este caso, siguiendo una lectura lineal, entiendo que el final es el capítulo 56‒. Si alguien no ha leído alguna de estas novelas que no tenga miedo de los spoilers, porque aunque sean frases finales no desvelan nada fundamental, salvo quizá en Cien años de soledad, que diría yo que tampoco.

Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.

Don Quijote de la Mancha de Cervantes

 

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

 

Después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina.

Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez

 

Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos.

El túnel de Ernesto Sábato

 

Era así, la armonía duraba increíblemente, no había palabras para contestar a la bondad de esos dos ahí abajo, mirándolo y hablándole desde la rayuela, porque Talita estaba parada sin darse cuenta en la casilla tres, y Traveler tenía un pie metido en la seis, de manera que lo único que él podía hacer era mover un poco la mano derecha en un saludo tímido y quedarse mirando a la Maga, a Manú, diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia fuera y dejarse ir, paf se acabó.

Rayuela de Cortázar

 

Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.

La Regenta de Leopoldo Alas Clarín

 

Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.

Pedro Páramo de Juan Rulfo

 

¿Qué más podría yo añadir a lo dicho por estos señores?

La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela

 

Alfanhuí vio, sobre su cabeza, pintarse el gran arco de colores.

Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio

 

Me preparé para abrir la puerta

Corazón tan blanco de Javier Marías

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