Richard Rorthy

Richard Rorthy

   Se celebra hoy el Día Mundial de la Filosofía, establecido por la UNESCO el tercer jueves de noviembre. Según Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con este día se pretende «reafirmar que la filosofía tiene el poder de cambiar el mundo, pues está dotada de esa capacidad de transformarnos, dando mayor peso a nuestras indignaciones ante la injusticia, más lucidez para formular las preguntas que incomodan, más convicción para defender la dignidad humana». Lo cierto es que la sociedad tiene una idea vaga e imprecisa, muchas veces equivocada, de qué es la filosofía. Se piensa en el filósofo como en un personaje extraño o extravagante que, alejado de la realidad, se dedica a la pura reflexión abstracta y racional.

   Según Richard Rorty, heredero de William James y de John Dewey y uno de los más importantes representantes del pragmatismo estadounidense, la filosofía debería abandonar su eterno cuestionamiento entre la apariencia y la realidad y centrarse en distinguir lo que es útil de lo que no lo es. La función del filósofo es comprender la realidad, pero entendida como realidad social, y además de plantear problemas debe, en la medida de lo posible, encontrar soluciones. De hecho, la importancia de una idea filosófica debería ser medida sobre todo por su utilidad para encontrar soluciones a los problemas.

   A partir de La filosofía y el espejo de la naturaleza de 1979 Rorthy cuestiona la filosofía basada en la metafísica, lo que genera una filosofía alejada de la realidad, convertida en metalenguaje, en filosofía que habla de la propia filosofía. Se muestra especialmente crítico con el metadiscurso foucaultiano del posmodernismo ‒en la línea de las críticas de Alan Sokal‒ porque cae en un exceso de abstracción. Rorthy no tiene ningún problema en desacralizar el lenguaje filosófico metafísico, que compara con otros como el literario y que describe, usando la expresión de Wittgenstein, como «juegos del lenguaje» que no llevan a ninguna parte.

   Lo más importante de la filosofía para Rorthy es su valor «terapéutico y edificante». Esta debe «hacernos más felices permitiéndonos afrontar con más éxito el entorno físico y la convivencia». Es por eso que la única filosofía posible es la aplicada.

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