Lord Timothy Dexter y su perro

Lord Timothy Dexter y su perro

   La historia está llena de personajes visionarios, espíritus inquietos que se adelantan al tiempo que les ha tocado vivir y predicen lo que está por acontecer. Algunos, además, son escritores y utilizan sus vaticinios como parte de sus libros. Es algo muy habitual en el género de ciencia ficción, donde muchos escritores hicieron predicciones tecnológicas que acabaron cumpliéndose. Aunque el caso de Timothy Dexter es completamente distinto. Al fin y al cabo, escribir el primer libro vanguardista más de cien años antes de que se inventaran las vanguardias tiene tanto mérito que bien puede figurar en un capítulo aparte.

   Dexter no era exactamente un visionario, aunque algo de eso tenía. El mérito de adelantarse más de un siglo al movimiento artístico más rompedor del siglo XX se lo debe más bien a una mezcla de extravagancia, suerte y ciertas dosis de ignorancia. Después de todo, nunca fue escolarizado y se vio obligado a trabajar como peón agrícola desde los nueve años. En 1769, con 21 años, se desplaza a Newburyport, Massachusetts, e inicia su carrera mercantil. A pesar de tener una nula capacidad comercial, una serie de golpes de suerte hicieron que triunfara en el mundo de los negocios y acabó convirtiéndose en un «nuevo rico». Por este motivo, muchos de sus conocidos, miembros de la alta sociedad, le envidiaban y le consideraban un loco y un ignorante. Movidos por este desprecio le aconsejaron todo tipo de negocios disparatados con los que Dexter, que solía hacerles caso, en lugar de arruinarse aumentaba sus riquezas. Negocios como exportar gatos callejeros o calendatores de cama a las islas del Caribe.

   Con su inmensa riqueza Dexter compró una mansión y se rodeó de una corte muy particular: un adivino, un ama de llaves que según decía era una princesa africana, un gigante con deficiencia que hacía las veces de bufón, un poeta oficial cuya verdadera profesión era la de pescadero y el fantasma de su esposa ‒que en realidad no estaba muerta‒. Además simuló su propia muerte y preparó su funeral solo para comprobar qué dirían de él sus seres queridos. Después de declararse a sí mismo como «el mayor filósofo del mundo occidental» emprendió su gran obra titulada A Pickle for the Knowing Ones or Plain Truth in a Homespun Dress, que podría traducirse como Un lío para los sabios, o La pura verdad con un vestido hecho a mano. Con estos ingredientes no es difícil imaginarse por qué Dexter tiene el honor de haberse adelantado más de un siglo a las vanguardias.

   ¿Qué es exactamente este libro? Se trata de una especie de autobiografía filosófica que carece de argumento y de unidad temática, salvo la propia persona de Dexter. En ella, entre otras cosas, se propone a sí mismo para el cargo de emperador de Estados Unidos ‒anticipándose a Norton I‒ y se queja de los políticos, de su mujer y de la iglesia. Dos particularidades permiten considerarla como un antecedente de las vanguardias. Por una parte está escrita siguiendo una técnica muy parecida a la de la escritura automática, y por otra está formada por una sola oración de 8.847 palabras y 33.864 letras, un experimento que no se volvería a repetir hasta 1962 con Las puertas del Paraíso de Jerzy Andrzejewski ‒aunque en este caso la oración tiene 40.000 palabras‒.

   Dexter empezó distribuyendo su obra como regalo y tanto éxito tuvo que se vio obligado a hacer ocho reimpresiones. Como algunos lectores habían protestado por la falta de signos de puntuación, en la segunda edición se añadió al final del libro una página con trece líneas de estos signos para que cualquiera pudiera «aderezar y salar ‒el texto‒ a su sabor».

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