Los libros que respiran

Los libros que respiran

   El 19 de junio de 2008 Edith Kollath, una artista alemana, fue detenida en el aeropuerto de Nueva Jersey, en Estados Unidos, cuando intentaba volver a su país. El motivo era de lo más extraño: llevar dispositivos electrónicos escondidos en el interior de un puñado de libros. Después de cerrar la terminal, Kollath fue sometida durante cuatro horas a toda una serie de interrogatorios por parte de la policía, de la TSA ‒la Administración de Seguridad en el Transporte‒, del FBI y de la CIA. Ante los atónitos agentes, Kollath tuvo que explicar una y otra vez que el mecanismo electrónico no servía más que para hacer que los libros respiraran y que estos eran piezas de arte que ella misma se estaba encargando de transportar a una exposición en Alemania. Su único delito era pura poesía: insuflarle aliento a los libros, darles vida, en un proyecto que irónicamente tenía por título «Pensaba que durarían siempre».

   A pesar de que el informe de la CIA terminaba sentenciando «creemos que debe de ser una buena persona porque ahora sabemos con qué frecuencia se cambia de ropa interior» ‒en referencia a lo exhaustivo del interrogatorio‒, sus libros y toda la documentación que llevaba fue confiscada como prueba. Después de tres meses intentando recuperar todo el material las autoridades finalmente decidieron devolvérselo. A raíz de esta experiencia Kollath aprovechó para enriquecer su obra y organizó una exposición titulada «Property and Evidence: The Whole Story», en la que además de mostrar los libros que respiran explicaba la surrealista aventura del aeropuerto con todo lujo de detalles. ¡Y es que ser artista también tiene sus riesgos!

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