Explosión nuclear sobre Nagasaki

Explosión nuclear sobre Nagasaki

   En 1961 el astrónomo Frank Drake, uno de los pioneros del programa S.E.T.I., formuló una ecuación para estimar el número de civilizaciones extraterrestres con las que podríamos ponernos en contacto y llegó a la conclusión de que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, debían de existir diez civilizaciones planetarias susceptibles de tener emisiones de radio detectables. Diez años antes el físico Enrico Fermi se preguntó si era posible que los seres humanos fueran la única civilización avanzada del universo y afirmó la existencia de una paradoja en relación a ello. Fermi señaló que es contradictorio el hecho de que exista una alta probabilidad de que haya civilizaciones inteligentes en el universo y, sin embargo, no tengamos ninguna constancia de que así sea.

   Fermi había sido desde 1942 uno de los padres del Proyecto Manhattan, cuya finalidad era crear la primera bomba atómica, pero a partir de 1949 se opuso firmemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno por cuestiones éticas. Como consecuencia, en la época en que propuso su paradoja el científico italiano había perdido su fe en la Humanidad y en sus avances tecnológicos. La solución que ofrece a su propia paradoja así lo demuestra: toda civilización avanzada desarrolla su tecnología hasta alcanzar el potencial de exterminarse y después se destruye a sí misma. Es decir, que si no hemos entrado en contacto con otras civilizaciones inteligentes es porque antes de que tuvieran la tecnología necesaria para hacerlo se han terminado aniquilando. Y, de hecho, para Fermi ese era el punto en que empezaba a encontrarse la civilización humana en la década de los 50.

   La paradoja de Fermi ha sido ampliamente debatida, cuestionada y refutada por la comunidad científica hasta nuestros días. Por ejemplo, en su ensayo Cómo funciona la mente Steven Pinker advierte que la idea de que la evolución de la vida esté obligada a terminar en seres inteligentes se basa en una falacia en la que se tiende a visualizar la evolución como una escalera ascendente. Para Pinker no existe ningún objetivo o meta final en la evolución.

   De cualquier modo, la solución que Fermi ofrece a su paradoja seguramente hay valorarla más por las implicaciones que pueda tener dentro de nuestro planeta que fuera. No hay ninguna duda de que ya hemos alcanzado la capacidad tecnológica para aniquilarnos definitivamente. Y, según Fermi, el trágico final es inevitable e inminente.

Comentarios

comentarios