Gráfico del estudio

Gráfico del estudio

   Que los libros son un valioso testimonio del periodo en que fueron escritos es algo que está más allá de toda duda. Sin embargo, más allá de lo evidente, la literatura puede proporcionar más información de lo que pudiera parecer en principio. Basta con tomar un puñado de libros de una época determinada y, si sabemos leer entre líneas y analizamos detenidamente su vocabulario, podremos averiguar si fueron escritos en tiempos de auge o de recesión económica, independientemente de cuál sea su temática.

   Al menos eso es lo que pretende demostrar un equipo de investigadores de la Universidad de Bristol. Según su estudio, recientemente publicado por la revista Plos One, hay una fuerte relación entre el uso del vocabulario que hacen los libros y el sistema económico en que fueron escritos: unos diez años después de épocas en crisis es más habitual encontrar palabras asociadas a estados de ánimo negativos, relacionadas por ejemplo con el miedo o con la tristeza. Son conclusiones a las que han llegado después de analizar unos cinco millones de libros publicados en inglés en EE.UU. y en el Reino Unido a lo largo del siglo XX. Al trabajar con libros que ya estaban digitalizados por Google no fue demasiado difícil hacer un registro de la variedad y distribución de cada palabra, para trabajar a continuación en un algoritmo que comparara el uso de las palabras tristes frente a las alegres. De esta manera se generó un «índice de miseria literaria».

   Como puede verse en uno de los gráficos del estudio, existe una correlación entre la crisis económica ‒línea blanca‒ y el uso de palabras tristes ‒línea roja‒, aunque con un retraso aproximado de una década, que es más o menos lo que se puede tardar en escribir y publicar un libro. Para el profesor Alex Bentley, uno de los principales autores del estudio, otra posible explicación de este desfase puede deberse a un cierto cambio generacional. Cuando las condiciones económicas son malas los autores pueden ser todavía niños y al crecer y empezar a escribir libros pueden estar muy condicionados por los recuerdos de su infancia y juventud. Bentley pone como ejemplo la década de los 70, caracterizada por una gran inflación. Los niños de esta generación comenzaron a convertirse en escritores en la década de los 80.

   El análisis demuestra que los EE.UU. alcanzan su punto máximo de miseria literaria a principios de 1940, justo después de la Gran Depresión. Durante los años 50 este desciende, tras el boom económico impulsado por la entrada del país en la Segunda Guerra Mundial, y luego se levantó otra vez durante los años 70 y 80, después de años de estancamiento económico, desempleo y altas tasas de inflación.

   Para confirmar las conclusiones del estudio los investigadores han realizado un análisis idéntico en un cuerpo de unos 650.000 libros alemanes, obteniendo resultados prácticamente idénticos. Bentley afirma que no podía ser de otra forma, puesto que « la economía mundial es parte de la experiencia emocional compartida del siglo XX».

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