Localización de la isla

Localización de la isla

   La ambición humana es desmedida. A lo largo de la historia hemos visto una y otra vez lamentables episodios de disputas, guerras e incluso, llegado el caso, aniquilaciones por pequeños trozos de tierra baldía que, en el fondo, no sirven más que para demostrar quién prevalece sobre quién. Uno de esos episodios, quizá uno de los más absurdos, tuvo lugar en 1831 al suroeste de Sicilia. En él cuatro países se enfrentaron por un diminuto y vacío islote que no llegó a existir más allá de unos pocos meses.

   Todo empezó cuando el 28 de junio de ese año numerosos terremotos, acompañados de una densa nube de humo negro, sacudieron el extremo occidental de Sicilia a lo largo de varios días. Finalmente, el 17 de julio emergió a la superficie del mar una isla volcánica de unos 25 metros de altura. Durante las siguientes semanas el volcán continuó arrojando lava y la isla siguió creciendo hasta alcanzar unos 100 metros de altura y unos 7 kilómetros de extensión. A pesar de que los únicos encantos de la joven isla no eran más que un par de montañas y un par de lagos, su situación estratégica convertía el puesto en una valiosa localización para conectar África y Europa por vía marítima.

   Los británicos no tardaron en enviar a la isla un buque, el HMS St Vincent, que se encontraba cerca de Malta. Inmediatamente después de desembarcar, el comandante Sir James Graham tomó posesión de la isla clavando una bandera y bautizándola como Tierra de Graham. Sicilia no tardó en enviar otro barco, el Etna, cuya tripulación también reclamó el islote y lo llamó Ferdinandea en honor a Fernando II, rey de las Dos Sicilias. El siguiente país en sumarse a las reivindicaciones soberanistas fue Francia, que en septiembre envió a la isla a un importante geólogo llamado Constant Prévost para que validara sus pretensiones. Después de las pesquisas de Prévost la isla fue declarada francesa y bautizada como Isla Julia en referencia al mes en que había aparecido.  Por último, España, por su parte, también declaró sus ambiciones territoriales, sin ni siquiera desembarcar en la isla.

Dibujo de Ferdinandea

Dibujo de Ferdinandea

   Parecía que ninguno de los gobiernos estaba dispuesto a ceder y la prensa europea de la época, que se mostró muy interesada por el hallazgo, no hacía sino encender los ánimos más todavía. Tan famosa se hizo que la isla con tres nombres distintos ‒dependiendo del país desde el que se nombrara‒ no tardó en llenarse de curiosos. Además de numerosos científicos de diferentes países, la isla recibió la visita de Walter Scott. Y también llamó la atención de otros escritores como Alejandro Dumas o Julio Verne. El rey Fernando II lo vio claro: al valor de su posición geográfica había que sumar una posible explotación turística.

   Sin embargo, cuando parecía que se había llegado a un punto muerto, de repente el conflicto internacional se resolvió por sí solo. En diciembre Sicilia envió un barco a la isla y este volvió con una noticia sorprendente: Ferdinandea había desaparecido y no quedaba ni rastro de ella. Lo que ocurrió en realidad fue que la isla, que estaba formada por un tipo de roca bastante débil llamada tefra volcánica, se había ido hundiendo en el mar poco a poco durante los meses anteriores hasta quedar sumergida unos diez metros por debajo de la superficie, lugar donde se sigue encontrando hoy en día.

   Actualmente la cima de la isla se encuentra a 6 metros bajo el nivel del mar, y como el volcán continúa activo no es imposible que vuelva a salir a la superficie, aunque solo sea de forma temporal. Por si acaso Italia mandó colocar hace poco una placa en la isla sumergida donde se declaraba que Ferdinandea les pertenece por legítimo derecho. Sin embargo, la placa se terminó destruyendo en misteriosas circunstancias, lo que ha dado pie a ciertas suspicacias sobre el estado del antiguo conflicto en el supuesto de que la isla volviera a emerger. A quién pertenece Tierra de Graham‒Ferdinandea‒Isla Julia es algo que todavía está por ver.

Comentarios

comentarios