Paradoja del abuelo

Paradoja del abuelo

   Desde finales del siglo XIX, con novelas como La máquina del tiempo de H. G. Wells y Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain, los viajes en el tiempo se convertirán en uno de los temas favoritos del género de ciencia ficción. Después de muchos enfoques distintos en 1943 el escritor francés René Barjavel le da una novedosa vuelta de tuerca a los viajes en el tiempo en su novela El viajero imprudente con la paradoja del abuelo. Según esta paradoja, si uno va hacia atrás en el tiempo y mata a uno de sus antepasados ‒su abuelo, por ejemplo‒ antes de que tuviera hijos, el viajero no puede haber existido y por lo tanto no puede haber inventado la máquina del tiempo, viajado al pasado ni matado a su antepasado. De hecho, como dice el filósofo David Kellogg Lewis, viajar al pasado entraña necesariamente una causalidad invertida, lo cual es ya en sí mismo una paradoja lógica.

   Desde un punto de vista teórico se han planteado multitud de posibles soluciones a la paradoja. Una de las hipótesis más extendidas es la de los universos paralelos, en cualquiera de sus variantes. Si el viajero del tiempo llega al pasado y mata a su abuelo, dará origen a un universo paralelo en el que nunca será concebido. Es decir, habrá dos universos: el nuevo, en el que no existirá, y el original, en el que seguirá existiendo y al que nunca podrá volver. Se puede pensar que el sencillo hecho de viajar al pasado ya supone crear un nuevo futuro. Cuando el viajero trata de alterar ese pasado no altera su pasado sino el de ese universo paralelo.

   El astrofísico teórico y cosmólogo ruso Ígor Nóvikov formuló una solución bastante curiosa en la década de los 80: el principio de autoconsistencia. Dice esta hipótesis que las leyes naturales prohíben cualquier acción que dé como resultado que el viaje en el tiempo no suceda. Desde este punto de vista el viajero del tiempo sencillamente no puede matar a su abuelo.

   Varios filósofos han recogido y desarrollado esta misma idea. Paul Horwich acuñó el término de autoinfanticidio para describir una variante de la paradoja del abuelo en la que el viajero del tiempo asesina a una versión infantil de sí mismo. Para Horwich esto es imposible porque aunque es posible influir en el pasado no se puede cambiar. Aunque esta teoría, aplicada en sentido estricto, puede llegar a invalidar la existencia del libre albedrío. El viajero del tiempo que trata de alterar el pasado en realidad no lo está cambiando sino que cumple con su papel dentro de la creación de la historia, de forma que nuestro presente ‒y el del viajero‒ ya incluye los viajes en el tiempo. Es lo que se conoce como paradoja de la predestinación.

   Lewis trata de buscar una solución a este problema en Las paradojas del viaje en el tiempo. En este texto cuenta la historia de Tim, que odia a su abuelo y que consigue construir una máquina del tiempo. Una vez en el pasado Tim planea cuidadosamente su venganza: compra un buen arma, practica su puntería, estudia la ruta que su abuelo sigue cada día y alquila una habitación con buena visibilidad. Todo está preparado. Sin embargo, Tim no puede llevar a cabo su venganza porque alguna circunstancia ajena a él se lo impediría. Quizás algún ruido le distrae en el último momento, quizás falla a pesar de todas sus prácticas de tiro, quizás fallan sus nervios, quizás siente alguna punzada de compasión. Pero Lewis hace hincapié en que este fallo no prueba de ninguna manera que no fuese en realidad capaz de matar a su abuelo.

   Por su parte, el escritor de ciencia ficción Alfred Bester ofrece una solución bastante poética. Bester sugiere pensar en la historia como si se tratara de un libro. Cada página de ese libro es consecuencia de la anterior y al mismo tiempo posibilita la siguiente. Si yo decido arrancar la página 169 de mi ejemplar de Los tres mosqueteros ‒por ejemplo‒ eso no significa que las acciones de D´Artagnan se vean afectadas en la página 170. De la misma manera que las páginas de un libro, el viajero del tiempo que mata a su abuelo arranca de la historia un instante, autosuficiente y cerrado, que no interfiere en en el resto de instantes.

   De cualquier manera, mi consejo es que, llegado el caso, conviene no tentar a las leyes naturales de la lógica. Hazme caso: si viajas al pasado simplemente evita matar a tu abuelo.

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