J. K. Rowling y El canto del cuco

J. K. Rowling y El canto del cuco

   Los escritores pueden llegar a ser animales muy extraños. Algunos luchan durante años por conseguir que su nombre y apellidos pasen a la historia de la literatura y, de repente, de un libro a otro, deciden esconderse detrás de un seudónimo manteniendo en secreto su verdadera identidad. Esta decisión puede estar motivada por muchas y variadas causas. Evitar persecuciones y otro tipo de presiones, conseguir una mayor libertad a la hora de publicar, cambiar radicalmente de registro y no correr el riesgo de defraudar a lectores habituales, escribir más de lo humanamente permitido o seguir una meditada estrategia de ventas pueden ser algunas de ellas.

   Uno de los últimos casos más conocidos fue el de J. K. Rowling, que en abril de 2013 publicó la novela policíaca El canto del cuco bajo el seudónimo de Robert Galbraith. «Hubiese querido mantener este secreto por más tiempo, ya que ser Robert Galbraith ha sido una experiencia sumamente liberadora. Fue maravilloso haber publicado un libro sin la expectativa o el bombo publicitario, y solo por el puro placer de recibir comentarios bajo un nombre diferente», comentaría Rowling en julio, cuando fue descubierta su identidad.

   En realidad Rowling no pudo mantener su secreto más allá de unos meses. El Sunday Times había recibido un mensaje anónimo en el que se señalaba a Rowling como la autora del libro y el diario recurrió a los servicios de Patrick Juola, un lingüista forense de la Universidad de Duquesne. Joula estudió El canto del cuco con un software que somete el texto a distintas pruebas: analizó las secuencias de palabras adyacentes, las secuencias de caracteres, las palabras más comunes y la preferencia por el uso de palabras largas o cortas. Con estos datos Joula es capaz de determinar una especie de huella dactilar de las peculiaridades estilísticas del autor. A continuación hizo el mismo análisis con Una vacante imprevista ‒la novela anterior de Rowling, esa sí confirmada‒ y con otras tres novelas policíacas similares de distintas autoras. Las conclusiones eran claras: Rowling era la autora más probable de El canto del cuco. El diario publicó los resultados y la escritora se vio en la tesitura de confesar.

   Es cierto que los lingüistas forenses trabajan con posibilidades y no con certezas, por lo que hay que tener en cuenta la existencia de un cierto margen de error, pero también es verdad que el mismo análisis que Joula completó en media hora hace varias décadas hubiera podido necesitar varios equipos de lingüistas y algunos años para llegar a idénticas conclusiones con mayor probabilidad de error. Conforme la tecnología avanza los análisis de los textos son más rápidos y los resultados más fiables. Cada vez es más difícil para los escritores esconderse detrás de un seudónimo. Bastaría con tener las huellas digitales literarias de cada escritor para introducir una obra y que en cuestión de minutos nos dé un nombre y unos apellidos. Todo parece indicar que dentro de unos años el uso de seudónimos literarios será considerado una práctica arcaida de los escritores de la era predigital.

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