Portada del libro

Portada del libro

   Hace años uno de mis principales sueños era ser periodista de viajes para Lonely Planet. Buscando información sobre cómo llegar a escribir para un gigante de tal calibre me topé con las declaraciones de Thomas Kohnstamm, uno de sus redactores de viajes más polémicos.

   En 2008 Kohnstamm sacó a la luz unas cuantas verdades sobre la industria de las guías turísticas en su libro Do Travel Writers Go To Hell?¿Van los redactores de viajes al infierno?‒, donde se jactaba de recomendar hoteles y restaurantes de dudosa calidad por el simple hecho de facilitarle estancia, comida y sexo gratis. Durante las entrevistas realizadas ese año para diversos medios, aseguró incluso que la guía de Colombia había sido escrita desde San Francisco, sin poner un pie en el país, debido al bajo presupuesto que le habían asignado desde Lonely Planet.

   El libro tiene altas dosis de humor negro y una mezcla de victimismo y prepotencia que definen el estilo de Kohnstamm. Supongo que al inicio de su carrera el pequeño Thomas creía en guías de viaje de calidad, pero fue corrompiéndose poco a poco, como un inocente político recién llegado al partido de turno. Hay amargura y desilusión en muchos de sus fragmentos, pero es complicado sentir compasión hacia alguien que ha desperdiciado sus viajes por el mundo limitándose al alcohol y las drogas.

Thomas Kohnstamm

Thomas Kohnstamm

   Debo decir que después de haber trabajado en varias revistas y para varios clientes del gremio, el relato de Kohnstamm ya no me sorprende tanto, lo veo incluso algo naíf. Pero su reflexión ‒aunque intente sacar tajada de manera desesperada‒ no deja de ser interesante. La publicidad encubierta sigue estando a la orden del día, y en cuestión de viajes cada vez es más común que nos fiemos exclusivamente de opiniones directas ‒¿quién no lee los negativos de Tripadvisor o prefiere consultar el foro de LosViajeros antes que comprar una guía de 50€?‒.

   Está claro que no es lo mismo viajar por placer que por trabajo, aunque ese trabajo sea precisamente describir el país que se visita. Si te financia la publicidad y hace tiempo que dejaste la ética a un lado vas a terminar recomendando el hotel que más te pague, no el que consideres más apto para tus lectores.

   Muchos dicen que tras echar un vistazo al libro de Kohnstamm ya no ven las guías de viajes de la misma manera, así que en el aire lo dejo para aquel que quiera llevarse las manos a la cabeza descubriendo el lado oscuro de las famosas Lonely Planet.

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