Roald Dahl vestido como militar

Roald Dahl vestido como militar

   Hace unos días Roald Dahl fue noticia. Dahl y su novela Charlie y la fábrica de chocolate. Coincidiendo con el aniversario de su nacimiento y con los 50 de su novela los gestores de la obra de Dahl han rescatado un capítulo inédito descartado por el autor después de que, según dice la leyenda, su sobrino lo calificase de «bazofia». Dahl es famoso sobre todo por sus novelas infantiles, no solo por Charlie y la fábrica de chocolate sino también por otras obras como Matilda o James y el melocotón gigante, pero lo que es menos conocido es que estuvo alistado en la Royal Air Force ‒la RAF‒ y que trabajó como espía británico durante la Segunda Guerra Mundial.

   En 1940, en una de sus primeras misiones en Mersah Matruh, Egipto, Dahl se estrelló en mitad del desierto. Lo que ocurrió fue que, incapaz de encontrar la pista de aterrizaje en mitad de la noche y corto de combustible, se vio obligado a intentar un aterrizaje forzoso en medio de la nada, golpeando el avión con una roca y estrellándolo. A continuación, consiguió arrastrarse lejos del aparato en llamas y estuvo desmayado hasta que fue rescatado por una patrulla británica y trasladado en tren al hospital de la Royal Navy en Alejandría. Tras este accidente Dahl trató de seguir pilotanto algunos meses más, pero las lesiones que había sufrido ‒fractura de cráneo, de nariz y pérdida de visión‒ interferían en su capacidad para volar, así que fue enviado de vuelta a Inglaterra para que se acabara de recuperarse.

   Aunque estaba incapacitado para volar, gracias a su talento natural consiguió ser trasladado a Washington en 1942 como Militar Aéreo con el objetivo principal de afianzar el espíritu probélico del pueblo americano frente a las numerosas voces que se manifestaban a favor del pacifismo y de la neutralidad de Estados Unidos. Ese mismo año, además, comenzó con su carrera literaria, publicando el 1 de agosto en el Saturday Evening Post un cuento titulado «Pan comido», en el que describía su accidente aéreo.

   Un par de años antes Winston Churchill ya había enviado a Estados Unidos al militar y espía William Stephenson para que se estableciera de forma encubierta y dirigiera la Coordinación de Seguridad Británica ‒la BSC‒ en la ciudad de Nueva York. El objetivo de la BSC era promover los intereses británicos y contrarrestar la propaganda nazi en el país, para lo cual Stephenson no dudó en crear una red de inteligencia británica secreta, consiguiendo una gran influencia en el gobierno de Roosevelt.

   Dahl, que trabajaba en la Embajada, no tardó en interesarse por la BSC y comenzó a pasarle información a Stephenson. El autor de Charlie y la fábrica de chocolate, que tenía un carácter afable y carismático, no tuvo dificultades para introducirse en los círculos más exclusivos y acceder a las conversaciones más confidenciales. Tan bien ejerció su papel de confidente que no tardó en dedicarse en exclusiva para la BSC, pasando a formar parte del grupo de informantes de élite conocido como «Los Irregulares de Baker Street», en honor a Arthur Conan Doyle y a su Sherlock Holmes. Un grupo al que, por cierto, también pertenecía Ian Fleming, que llegó a congeniar muy bien con Dahl. De hecho, más adelante Dahl trabajaría como guionista de las adaptaciones cinematográficas de los libros de Fleming Sólo se vive dos veces y Chitty Chitty Bang Bang.

   Como puede verse, hay curiosos paralelismos entre Roald Dahl y Antoine de Saint-Exupéry: ambos participaron en la Segunda Guerra Mundial en el ejército del aire, se estrellaron en medio de un desierto ‒Saint-Exupéry en la parte de Libia del desierto del Sáhara‒, se trasladaron a Estados Unidos en un momento determinado y lucharon su entrada en la guerra, y ambos escribieron libros infantiles. Lo que no comparten es el trágico final. En 1945, coincidiendo con el final de la guerra y la muerte de Roosevelt, Dahl abandona oficialmente la RAF debido a sus lesiones y deja de ejercer como espía. Liberado de sus obligaciones, al año siguiente decide regresar a Inglaterra y dedicarse por completo a la escritura. El único libro para niños que había escrito a esas alturas era Los gremlins. Todavía tendrían que pasar casi dos décadas para que Dahl escribiera los libros infantiles que le hicieron un más que merecido hueco en la historia de la literatura.

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