Philani, siendo mejor de lo que seré

Philani, siendo mejor de lo que seré

   Hoy día, con tanta prisa, tanta distracción y tanto Internet, las historias se vuelven fuegos artificiales. Llegan de pronto, destellan con fuerza y luego se difuminan enseguida sin dejar rastro. No lamento eso porque la mayoría de historias son modas pasajeras que enseguida se vuelven irritantes, y eso si no son idioteces desde el principio. Con tal de sentirnos en compañía, subimos de un tren a otro sin saber dónde vamos y nos olvidamos pronto de las causas por las que gritábamos ayer —desde un Iphone o un sillón—. Aunque esas causas sigan ahí, viene la mala suerte a decirles que ahora ya no son moda y toca otra cosa.

   Sin embargo hay unas pocas historias que merece la pena que pervivan todo lo que puedan. Ésta tuvo su apogeo hace algunos meses y llegó a ser “viral”, signifique eso lo que signifique. No fue muy conocida por aquí y creo que merece la pena que alguien la escriba y perdure un poco más.

   Es la historia de Philani, un chaval de 24 años que pasa sus días caminando por Empire Road y otras calles cercanas de Johannesburgo, Sudáfrica.

   Philani no pide para comer como otros muchos en su situación, ha decidido hacer otra cosa. Cada día camina con su biblioteca a cuestas y, cuando alguien se lo pide, hace una reseña, verbal e “in situ” de alguno de los libros que lleva, o de un autor o una editorial. Si eso convence al que le escucha, éste compra el libro. Vive de eso y así también recoge dinero para otros amigos que no tienen nada.

   Siempre está buscando libros nuevos para ampliar su colección y le apodan el “ratón de biblioteca del asfalto”. Philani no quiere ser mendigo, quiere ser una muestra del poder que tienen los libros para cambiar vidas. Y es que, como él mismo cuenta, los libros le salvaron. Bien sabe quien me lee que no soy amable con los libros de autoayuda, pero en este caso, me voy a callar y mira que eso es raro en mí. Philani venció su adicción a las drogas leyendo libros de ese género y se dio cuenta de que las páginas escritas tienen poder. Poder real.

   Ah, y el autor preferido de Philani es John Grisham, porque: «toca el tema de la justicia social y creo que eso es lo que más falta en este mundo».

   El joven cineasta y contador de historias Tebogo Malope lo descubrió y quiso contar en vídeo su historia y que perdurara. Creo que Philani merece eso y más, porque un día decidió pelear desde un castillo de libros y yo a los 24 no recuerdo qué hacía, pero desde luego no algo así.

   Para los que se lleven bien con el inglés pueden ver el vídeo. Para los que, como yo, hoy han vuelto a comprobar frustrados que Amazon aún no vende lanzallamas, recordar que detrás de tanto ruido hay historias que aún merecen la pena. Y por la calle aún caminan personas como Philani.

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