Campaña de la Bienal del Libro de Pernambuco

Campaña de la Bienal del Libro de Pernambuco

   Después de dedicar un par de artículos a recopilar las mejores campañas publicitarias de libros en el sector editorial y en librerías ‒más uno monográfico dedicado por completo a los ebooks‒ lo normal es pensar que prácticamente se ha abarcado la totalidad de anuncios sobre el tema. Pero siguen existiendo distintos organismos que no se encuentran catalogados dentro de ninguna de estas categorías y que tienen magníficas campañas para promocionar la lectura. Ferias del libro, bienales, festivales, universidades, asociaciones, clubes de lectura o campañas gubernamentales son solo algunos ejemplos de entidades que promueven la pasión por los libros con mensajes publicitarios que nada tienen que envidiar a los mencionados anteriormente. Sirva este artículo para recoger algunos de ellos.

   La Bienal del Libro de Pernambuco es uno de los foros culturales más importantes de Brasil. Para promocionar la VIII Bienal se organizaron dos campañas distintas. En la primera aparecen dos montones de libros con forma antropomórfica que están, valga la redundancia, leyendo. «Eres lo que lees», reza el eslogan, y le añade como subtítulo una versión del famoso aforismo griego inscrito en el templo de Apolo en Delfos: «Conócete a ti mismo en la Bienal». La segunda campaña está destinada a darles una segunda vida a los libros. Bajo el lema «No tires los libros. Dónalos» se plantean tres situaciones en las que vemos a personajes clásicos de la literatura infantil en una situación precaria.

   Esta última campaña es muy parecida a la planteada por la operadora tailandesa de telefonía móvil Advanced Info Service. Con el objetivo de conseguir la donación de libros para niños, vuelven a aparecer tres personajes de historias infantiles abandonados o directamente muertos. Como dice el anuncio, «Una buena historia merece buen final». Si seguimos en la misma línea de donar y compartir libros, hay que mencionar la campaña del club de lectura organizado por el centro comercial Ponteio Lar Shopping en Santa Lucía, Brasil. La idea, que ya había aparecido en otras campañas publicitarias reseñadas, es la de que un libro tiene el poder de conducirte a otros libros. Casi se podría decir que dentro de un libro hay otro libro. De ahí la importancia no solo de donar sino también de recibir la donación. En definitiva, compartir.

   Los libros son puertas abiertas hacia la profundidad de uno mismo. Así, al menos, lo ha querido plantear la Feria del Libro de Vilnius en Lituania. La campaña no tiene eslogan, ni falta que le hace. Tres extraordinarias ilustraciones muestran un imaginativo rostro en la portada de un libro. Cada uno de esos tres rostros tiene una entrada con unas escaleras que, supuestamente, conducen a las interioridades del libro. Hay que destacar en este caso el diseño.

   Por su parte, el Festival del Libro de Sofía estuvo dedicado en 2013 a la literatura de los balcanes, una de las regiones europeas donde, desde la segunda mitad del siglo XIX, se han desarrollado más conflictos bélicos. ¿Qué mejor, entonces, que hacer referencia a ellos a través de la literatura? Dejando al margen los factores políticos, religiosos y etnográficos que los han generado, el anuncio deja claro que «La literatura no conoce fronteras». Para ello se representan en las páginas de un libro abierto dos ciudades de países limítrofes, con una frontera claramente delimitada que, sin embargo, la literatura consigue atravesar.

   Un solo libro tiene la capacidad de cambiar el mundo. Bueno, más que el libro las ideas que contiene, que son lo que hacen avanzar a la Humanidad. ¿Puede un libro solitario darle forma al futuro de la economía, proporcionar toda la energía que el mundo necesita o albergar la justicia necesaria? Para la Universidad Kadir Has en Estambul la respuesta es afirmativa. Un único libro puede cambiarlo todo, y en eso radica precisamente su valor.

   La Asociación de Alfabetización de Greenville, en Carolina del Sur, destaca por el ingenio con que diseña sus campañas, que no están destinadas a ilustrar carteles o vallas publicitarias sino que se disfrutan en vivo ‒y se documentan más tarde con fotografías‒. Lo mismo convierten unas escaleras normales en un montón de libros gigantes ‒para solicitar donaciones‒ que los sacan de su contexto habitual ‒las estanterías de una librería o una biblioteca‒ y los colocan en los sitios más extraños, desde los estantes de un supermercado hasta ‒después de miniaturizarlos‒ cualquier rincón de una cafetería o un bar. Sacar los libros a la calle, llamar la atención de la gente sobre ellos, despertar la curiosidad, hacer ver que los libros existen. ¿Se puede pedir algo más?

   La campaña organizada por las autoridades chinas es una de mis preferidas por lo que tiene de instalación artística. Para concienciar a la población de las dificultades que tienen millones de niños para acceder al sistema educativo propuso a artistas locales que realizaran una obra que simbolizara este problema. Entre las obras vemos un enorme círculo lleno de cristales puntiagudos con un libro en medio o una esfera hecha con alambres con un libro en su interior. Un libro al que es imposible llegar: con esta metáfora se pretendía señalar la dificultad de esos niños para acceder al sistema educativo. Las obras se expusieron en museos y galerías de arte de Pekín y todo el proceso de elaboración fue documentado para poder realizar carteles que complementaran la campaña y la dieran a conocer más allá de la ciudad.

   Para terminar me gustaría recopilar unas cuantas campañas publicitarias más que me han llamado la atención por cualquier motivo. Ya sea por su elegancia ‒como la de la Feria Internacional del Libro de Guatemala dedicada a la música y a otras artes‒, por su humor ‒caso del Festival de literatura y cine de Florida‒ o por su originalidad ‒como en la Feria del Libro de Ciudad del Cabo, donde se pusieron libros en videoclubs para indicar que estos son buenas alternativas al cine‒.

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