Escritorio de Joseph Conrad con máquina de escribir

Escritorio de Joseph Conrad con máquina de escribir

   La buena escritura es una habilidad tan inalcanzable que son muy pocas las personas que logran dominarla. Casi tan difícil como expresarse decentemente en una segunda ‒o tercera, o cuarta‒ lengua. Y, sin embargo, existen escritores que se empeñan en combinar ambas dificultades. ¿Por qué conformarse con una sola lengua cuando se pueden usar dos o tres? Eso sí, si de por sí ya es espinoso escribir una obra maestra en el idioma que usamos a diario, hacerlo en uno que no dominamos a la perfección parecen ganas de complicarse la vida. Al fin y al cabo, hablar una segunda lengua no significa saber escribirla. No solo es necesario tener un conocimiento impecable de la gramática y del vocabulario, sino también una profunda comprensión de esas sutilezas lingüísticas que el nativo tiene de serie: dobles sentidos, asociación y juegos de palabras y estilo.

   Varios pueden ser los motivos que lleven a un escritor a probar suerte con otra lengua. Muchos, criados en un entorno multicultural, son bilingües o multilingües, aunque generalmente suelen escribir sus obras en su lengua materna, en la que tienen más competencia. Otros escritores, convertidos en inmigrantes, deciden dejar a un lado su lengua original para escribir en el idioma de su país de adopción y así llegar más lectores. O, en algunos casos, tal vez simplemente por seguir el consejo de Proust, que advertía que para que un novelista tuviera un estilo definido debía escribir en una lengua extranjera. El escritor argelino-italiano Tahar Lamri aclara el consejo de Proust: «Esto se debe a que una lengua extranjera obliga al autor a ir a la caza de la imaginería adecuada porque no tienen un vocabulario extenso a su disposición». Algo así como superar las limitaciones del propio idioma saliendo de la zona de confort literario.

Joseph Conrad

Joseph Conrad

   Uno de los ejemplos más paradigmáticos es Joseph Conrad. El autor de clásicos como El corazón de las tinieblas o El agente secreto nació en Ucrania, de padres polacos pertenecientes a la aristocracia, y recibió desde muy joven una educación en varios idiomas, incluyendo el ruso, el polaco y el francés. Aunque no terminó la escuela además de los idiomas mencionados sabía manejarse en latín, alemán y griego. Tras la muerte de sus padres, en la adolescencia, viaja a Francia, donde vive cuatro años hasta que se une a un mercante inglés, lo que le permite viajar por toda África, Sudamérica y Asia.

   A los 37 años, después de lograr la nacionalidad británica, decide probar suerte en la escritura con su primera novela, La locura de Almayer. El idioma elegido fue el inglés, aprendido a los 20 años. Esto supuso una ardua tarea para el escritor, porque, además de tener un acento muy marcado, era consciente de sus limitaciones como hablante no nativo. En una ocasión escribió: «En la escritura lucho dolorosamente con ‒este‒ lenguaje que siento que no poseo, pero que por desgracia me posee». Es muy probable que la vida de Conrad, de aquí para allá y sin noción de identidad, fuera algo decisivo en la elección del idioma. Según su biógrafo Frederick Karl, Conrad decidió no escribir en polaco precisamente para distanciarse de su padre y de su propia cultura.

Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov

  Vladimir Nabokov, miembro de una rica familia rusa, también tuvo una educación multilingüe. Además de ruso, el autor de Lolita aprendió a desenvolverse en inglés y en francés. Debido a la Revolución rusa, la familia se traslada en 1919 primero a Inglaterra y luego a Berlín. Hasta este momento Nabokov escribe en ruso, pero en 1937 viaja a París, donde empieza a escribir en francés y compone su primera novela en inglés. En 1940 huye a Estados Unidos para escapar del avance de las tropas nazis. A partir de ese momento Nabokov se decanta por el inglés, consiguiendo un éxito sin precedentes. Su obra más aclamada, Lolita, está escrita en inglés y no fue traducida al ruso hasta doce años más tarde. Su comienzo a menudo suele citarse como una de las mejores frases escritas en inglés. En el caso de Nabokov se podría decir que jugaba con ventaja: había aprendido a desenvolverse en inglés desde la infancia.

Samuel Beckett

Samuel Beckett

   Samuel Beckett estudió francés, italiano e inglés en el Trinity College de Dublín, antes de viajar por Europa y establecerse en París a finales de 1930. Allí permaneció durante la ocupación nazi, afirmando que prefería «Francia en guerra a Irlanda en paz». Su primera novela, Murphy, fue escrita en inglés en 1938 y traducida al francés por él mismo un año después. En los años posteriores a la guerra escribió casi exclusivamente en francés, incluyendo la que se considera una de sus grandes obras, Esperando a Godot. Para Beckett escribir en francés le facilitaba el liberarse de cualquier estilo. Tradujo él mismo todas sus obras del francés al inglés, excepto Molloy, que lo tradujo en colaboración con Patrick Bowles.

Jack Kerouac

Jack Kerouac

  El verdadero nombre de Jack Kerouac era Jean-Louis Kerouac. El que es considerado uno de los autores estadounidenses más importantes del siglo XX era hijo de padres franco-canadienses y, como es lógico, su idioma nativo fue el francés en la variedad de Quebec. De hecho, el inglés no lo aprendió hasta los 6 años y no fue capaz de hablarlo con soltura hasta el final de su adolescencia. En un primer momento empezó a escribir en francés. Su primer manuscrito, de principios de 1951, es La nuit est ma Femme, acabado poco antes de empezar En el camino. También escribió un texto corto titulado Sur le Chemin que nunca publicaría y que tradujo al inglés para usarla como base para Old bull in the Bowery. La versión original en francés fue descubierta en 2008. La elección del inglés para Kerouac seguramente estuvo muy influenciada por sus amistades literarias, los miembros de la llamada Generación Beat.

Emil Cioran

Emil Cioran

   La lengua materna de Emil Cioran era el rumano y en ella escribió sus primeros trabajos. Con 17 años comenzó a estudiar filosofía en la Universidad de Bucarest y desarrolló un buen dominio del alemán, lo que le permitió leer a Kant, a Schopenhauer y, sobre todo, a Nietzsche. En 1937 continuó sus estudios en el Instituto Francés en París, donde vivió la mayor parte del resto de su vida. A partir de ese momento Cioran escribirá exclusivamente en francés, idioma en el que está casi toda su obra. Buena cuenta de su desarraigo da una frase que él mismo escribió: «No tengo nacionalidad, el mejor estatus posible para un intelectual».

Milan Kundera

Milan Kundera

   En la obra de Milan Kundera podremos encontrar alternativamente el checo y el francés. En 1968, a consecuencia de la invasión soviética a su país, quedó desempleado y sus obras se prohibieron. En 1975 consiguió emigrar y establecerse en Francia. Con el uso que hace Kundera de los idiomas se da una interesante curiosidad: ha conseguido parcelar a la perfección ambos idiomas. Mientras que sus novelas están escritas en checo, Kundera reserva el francés para sus ensayos. Es decir, que su gran obra, La insoportable levedad del ser, está escrita originariamente en checo, aunque no se publicó en su país hasta 2006, veintidós años después de que se editara en París. Kundera afirma que él «se ve a sí mismo como un escritor francés» e insiste en que «su trabajo debe ser estudiado como literatura francesa y clasificado como tal en las librerías».

Borges

Borges

   Un último escritor en el que me gustaría detenerme, por lo menos puntualmente, es Jorge Luis Borges. A pesar de ser el español su lengua materna, el escritor argentino se inició en la escritura a través del inglés, lengua de su abuela paterna. A los siete años escribió en este idioma un resumen de la mitología griega y a los nueve tradujo al español El príncipe feliz de Oscar Wilde. Es bien conocido que Borges hablaba a la perfección el inglés; que prefirió la literatura inglesa por encima de la española; que tradujo y admiró entre otros a Poe, a Wilde, a Faulkner, a Kipling o a Chesterton; que la sonoridad y estructuras de la lengua inglesa influyeron inevitablemente en su estilo. En algún momento llegó a escribir: «La mayoría de mis lecturas ha sido en inglés; la mayoría de los libros me ha llegado en lengua inglesa, y estoy profundamente agradecido por ese privilegio». Sin embargo, Borges optó por utilizar en su obra casi únicamente el castellano. En inglés vamos a encontrar muy pocos textos borgianos: las conferencias dictadas en la Universidad de Harvard y que luego fueron recogidas en Arte poética, su única autobiografía ‒Autobiographical Essay‒ y un par de poemas que tituló como «Two English Poems». Poco más.

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