Como prácticamente cualquier otro invento del ser humano, el papel comienza con profusos golpes y con una cantidad de violencia totalmente justificada. Desde la tala de árboles a la fuera al arranque de arbustos y corteza bajo la premisa «cuanto más rápido, más barato», que acaba traduciéndose en «cuanto más violento, mejor».

Mi propuesta

Mi propuesta (clic para ampliar)

   Es una creencia extendida eso de que el papel viene de los árboles. Que sí, en parte viene de destrozar los bosques, aunque estos suelen ir a Ikea de viaje. Lo cierto es que gran parte del papel viene de cualquier otro tipo de vegetal. Paja, hojas, cortezas, e incluso trapos y telas. Cualquier material fibroso es válido siempre y cuando se le den los golpes suficientes. Porque ese el paso dos después del paso de extracción violenta: los golpes violentos.

   Las plantas de procesamiento de papel son, en realidad, el juguete que todo tío desearía tener. Cientos de pistones, ruedas, prensas, martillos neumáticos,… Y todos ellos dando golpes a la vez, en teoría con el objetivo de separar las diferentes fibras vegetales que pudieran tener los materiales de origen. De momento, sabemos que lo de los golpes funciona.

   Y, voilà, de tanta leñe a la naturaleza sale una pasta, algo así como un material celuloso entre líquido y sólido, un fluido denso parecido al puré pero mucho menos sabroso. Es la pasta primaria, germen de la cultura escrita moderna.

   Si estás dudándolo: sí, a la pasta también se le dan golpes luego. Lo cierto es que el proceso de fabricación de papel es enormemente violento, tanto que estoy seguro de que si tratásemos la ira y la agresividad dando puestos de trabajo en fábricas de papel nos evitábamos algún disgusto.

   Las prensas y los moldes bajan, golpean, y vuelven a subir. Menos mal que soy de esas personas que no creen en la conciencia vegetal, porque sería para echarse a llorar de la paliza que se llevan. Los moldes, finalmente, aplastan la pasta machacada y vibran para hacer que las fibras se entrelacen y el agua salga de la pasta.

   Pero como no sale lo suficiente, se apilan las hojas en un enorme montón y este es prensado con una prensa neumática hasta que sudan prácticamente todo lo que les quedaba.

   Ahora toca cortarlo. Y es esta la idea del artículo. Lo anterior es porque soy un tío y me gustan los golpes. Porque hace un par de días, recordando los folios que se usan en la serie Galáctica, me pregunté si la forma de papel que usamos de manera convencional es la adecuada.

   Tenemos que tener en cuenta que en un siglo la manera en que empleamos el papel ha cambiado muchísimo, al igual que, prácticamente, todo lo demás. Pero, sin embargo, seguimos usando medidas establecidas en 1922. Porque a principios del siglo XX si algo había que hacer es establecer normas para absolutamente todo: para trabajar, para escribir, para votar, para preparar el firme del asfalto, e, incluso, para ordenar de alguna manera los folios y sus tamaños.

   Es por ello que nació la famosa norma DIN 476 de la que, aunque habéis oído hablar una infinidad de veces, os suena a chino. Es esa que dice que la mitad de un papel ha de cumplir las mismas proporciones que el original, partiendo de un pliego de un metro cuadrado de área. Esto, dividido cuatro veces, nos da el típico folio A4, que no es sino la cuarta división de un pliego de un metro cuadrado que cumple la proporción aurea (un A0). Como todos sabéis, el A4 ha invadido nuestro mundo. Lo tenemos en todas partes para escribir, hemos adaptado nuestros métodos de impresión y de escáner caseros a su tamaño, y parece que no queremos salir de ese estándar cuando resulta evidente que se pierde muchísimo papel.

   Y vuelvo a la serie de Galáctica. He hecho un estudio rápido basado en un par de factores. El primero es que los folios A4 se cortan en grandes planchas ‒haciendo uso de fuertes golpes‒ para pasar de un A0 a dieciséis A4.

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Normativa DIN 476

   El segundo es que resulta mucho más barato triturar papel y reciclarlo que volver a producirlo. Es un hecho que triturar papel cuesta a nivel energético muchísimo menos que volver a arrancar los vegetales del suelo, limpiarlos y triturarlos desde cero para extraer las fibras. El tercero es que prácticamente en ningún caso las hojas de papel se utilizan por las esquinas. Es otro hecho que todos los libros de texto que tienes en tu casa tienen, por lo menos, una esquina libre, y en muchas ocasiones, incluso dos. ¿Y si les quitamos las esquinas?

   Esto es lo que hicieron los guionistas de la serie Galáctica para dar más sensación de austeridad dentro de la narración. Para los que no lo sepan, la Galáctica es una nave de combate ‒evidentemente inventada‒ que se pasa cinco temporadas huyendo, sin poder obtener recursos casi en ningún sitio. Es por ello que necesitaban aprovechar todo lo que tenían al máximo. Y así nacieron las hojas de ocho lados, un papel que ya usaron los japoneses en la Segunda Guerra Mundial.

   El miniestudio realizado ha sido el siguiente. Este artículo lo escribo en una hoja de Word por defecto ‒que es el 90% de como se imprime en todo el mundo‒. Y he llevado el primer folio ‒completamente escrito‒ al Photoshop para ver qué área de folio se podría recuperar haciendo cortes cuando se pasa de A0 a A4-Octa.

   Por defecto tenemos 2,5 cm de espacio hacia el borde superior y 3 cm hacia la izquierda ‒y de igual manera para abajo y a la derecha‒. Esto supone un triangulito de 5,5 cm en el caso de que el corte lo hagamos a 45 grados tal y como se ve en el dibujo de abajo. Pero, para dar algo de margen al texto, diremos que el triángulo es de 5 cm de lado. Así las impresoras no tendrán problemas para trabajar con este tipo de hoja.

A4-Octa

   Para un folio suponen cuatro triángulos, con un área total de 50 cm2. Teniendo en cuenta que un A4 mide 623 cm2 quizá no parezca demasiado, pero es un pellizco importante. Quiere decir que por cada 11,5 folios que imprimamos podríamos tener un folio más con la misma materia. Por supuesto he redondeado para no pillarme los dedos.

   ¿Qué significaría esto a nivel mundial? Pues nada menos que un abaratamiento del papel ‒en producción‒ del 8%. Y, lo cierto, es que no complican los otros beneficios que el A4 podía tener: cabe en una funda de plástico transparente ‒incluso mejor, gracias a los bordes recortados‒, puede ser grapada por la parte superior o lateral, puedes seguir doblando esquinas para marcar las hojas ‒es más, ahora tienes ocho esquinas a elegir‒, puedes seguir anotando en los márgenes, no dificulta el cogerlo o sujetarlo.

   Y, por supuesto, no hablemos ya del transporte de los folios desde su fabricación hasta el punto de venta ‒que es una de las partidas que más encarecen el precio‒. Debido al hecho de que pesa casi un 9% menos, el consumo de gasolina se reduce de manera considerable para el mismo número de folios.

   Ahora bien, ¿por qué este formato no se usa? Pues lo cierto es que tras investigar un poco por Internet no he encontrado ningún problema a este papel salvo el hecho de que no parece poder comprarse de manera fácil. Tan solo se puede encargar a comercios minoristas pagando, paradójicamente, una suma nada desdeñable de dinero extra.

   Pero lo verdaderamente importante es: ¿Qué opinas tú sobre este tipo de papel?

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