Ya que abrí la vasija de Pandora con lo de escritores comportándose como capullos (no, no era una caja, nunca lo fue), no voy a ser yo el que meta las desgracias dentro otra vez. Así que dejaré que campen un poco más y que traigan al que, quizá, resulte el escritor más inaguantable de todos: Vladimir Nabokov.

   No hay otra forma de decirlo, Vladimir era uno de esos genios insoportables que cualquier persona con algo de cordura querría tener lejos.

Vladimir "soy mejor que tú" Nabokov

Vladimir “soy mejor que tú” Nabokov

El origen

   El libro Strong opinions, donde se recopilan ensayos, cartas y entrevistas a Nabokov, ya nos dice claramente con ese título lo que podemos esperar de él.

   Para explicar cómo es alguien, uno ha de acudir al origen de las cosas. Vladimir nació en el seno de una familia aristocrática rusa y lo criaron pensando que era mejor que tú. Echó siempre de menos a la Rusia blanca pre-revolucionaria, en la que era un niño privilegiado y todo lo miraba con ese desdén de los pequeños nobles. A su infancia siempre la definió como perfecta, pues básicamente era una prima donna a la que todos prestaban atención y cuyas órdenes acataban. La pérdida material y emocional con los cambios en Rusia tras la revolución le afectaron y ya no supo adaptarse a su pérdida del paraíso. Hablaba mal de todo y de casi todos, excepto las mariposas, y lo hacía con ese tono aristocrático que tenía siempre.

Cuando los demás son una basura

   Si no le gustaba la persona (y a Nabokov no le gustaba casi nadie), era imposible que lo que escribiera fuera bueno.

   Para empezar, a él no le influyó nadie, porque sus muchas metáforas se las debía a los paisajes del norte de Rusia de su niñez. Sin embargo a sus compatriotas no debió inspirarles tanto la madre patria. Para él, Dostoevsky era «un escritor de tercera» cuya «fama es incomprensible». Empezando por ahí, prácticamente nadie se libraba de sus dardos envenenados. Thomas Mann era una «torre de lo trillado». T.S. Eliot un escritor de «segunda» (al menos es una división por encima de Dostoevsky). Ernest Hemingway y Joseph Conrad eran «escritores para chicos jóvenes», aunque aclaró que Hemingway era sin duda el mejor de los dos. Sin embargo en otra entrevista dijo que lo leyó por primera vez a los cuarenta y lo aborreció, que iba de algo sobre «campanas, pelotas y toros» (haciendo un juego de palabras con «bells, balls and bulls»). Curiosamente, la némesis estilística de Hemingway, Faulkner, resultaba, simple y llanamente, «horrible». Camus y Sartre, a la hoguera también y, cuando le preguntaban por el panorama literario, él respondía resumiéndolo: «es una bonita vista desde aquí arriba».

   La lista de lindezas que Nabokov profirió a sus compañeros de profesión es interminable y, de hecho, resulta mejor ejercicio de cordura empezar por los que salvaban según su criterio. ¿Quienes? Pues de sus contemporáneos sólo Borges, pero se cuenta que alguna vez dijo algo bueno también de H.G. Wells o Tolstoi.

   Esto podría ser explicable por la concepción que Nabokov tenía del arte de la escritura. Él era un esteta puro, la historia y las ideas eran «para los pájaros» en lo que se refiere a la ficción. El gozo estético sin adulterar y llevado hasta su máxima expresión era lo que le interesaba. Cualquiera que por ejemplo haya leído Lolita lo habrá comprobado. Su belleza formal y estética alcanza cotas elevadas y para Nabokov no había nada más que mereciera la pena a la hora de escribir.

Contra las mujeres

   A Nabokov le gustaban las mujeres, pero las mujeres escribiendo, no. En cierta ocasión pidió a Edmund Wilson consejo sobre autores en inglés y Wilson le recomendó a Jane Austen. La respuesta de Nabokov fue:«no me gusta Jane, y tengo prejuicios, de hecho, acerca de todas las mujeres escritoras. Están en otro nivel».

   Vladimir Nabokov nunca se molestó en aprender a mecanografiar, ¿para qué? Eso ya lo hacía su esposa, la cual también ejercía de traductora. Sin embargo, Nabokov dejó claro que prefería a un traductor masculino y no, ciertamente, a «una mujer nacida en Rusia».

¿Cualidades redentoras?

   ¿Puede el carácter ser redimido por el arte? ¿Es el precio por disfrutar de quien algunos definirían como genio? Supongo que en el fondo no importa. Una cosa no tiene que ver con la otra y no nos tiene que gustar el que escribe para que nos apasione lo escrito. Además, Nabokov no pretendía ser redimido y mucho menos por nosotros —todos los demás—, que no éramos más que sus inferiores cuando nos miraba desde su pedestal de pequeño noble caído en desgracia.

   La cuestión es ésta, muchos artistas eran y son unos capullos. Uno de los errores más infantiles es creer que en esta vida las cosas son gratis y no tienen un precio. Para conseguir buen arte, hay que pagarlo también, lo pagan los artistas, lo pagan los que les rodean y, a veces, el precio del arte es muy alto para algunos y en otras ocasiones es la insoportabilidad del artista. A mí eso último me vale.

   Además, y sin entrar a valorar el libro completo, las primeras páginas de Lolita están entre las mejor escritas nunca y uno debe plantearse si había techo para el genio de Nabokov, teniendo además en cuenta que escribió el libro en inglés y esa no era ni siquiera su lengua materna.

   Aparte de eso, Nabokov resulta divertido cuando lees un par de entrevistas. Divertido como el personaje esperpéntico que busca removerte por dentro con sus opiniones exageradas, que a lo mejor ni él comparte (aunque creo que en este caso no era fingido). Hoy quizá se diría de él que es un trol, el padre de todos y el original, pero ya quisieran los troles de hoy tener su talento.

   Nabokov no era idiota, al contrario, era extremadamente inteligente, estoy seguro de que él mismo sabía que lo que decía venía de algo más hondo e inseguro y que además le daba publicidad. Pero jamás reconocería una cosa ni otra, y si me leyera, a lo mejor se dignaba a dedicarme un montón de exabruptos sin piedad que, cuando se miran desde la barrera resultarían hasta divertidos.

   Si la inteligencia y el talento son cualidades redentoras, algo de lo que no estoy seguro, Nabokov tenía. El resto, que cada uno juzgue.

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