La señora Rechtin

La señora Rechtin

   En 1911 la señora Imogene Rechtin, fundadora y líder de la Organización Mundial para la Salud, inició una campaña contra los besos en Cincinnati, en el estado de Ohio. Hay que empezar diciendo que esta Organización Mundial para la Salud no tiene nada que ver con la de la ONU, fundada en 1948. Rechtin se había mostrado reacia a los besos desde siempre, pero después de casarse empezó a predicar su doctrina a su marido y a su círculo de amistades, consiguiendo tantos adeptos que acabó por fundar la organización que también presidiría.

   Rechtin estaba convencida de que un beso era el modo de contagiar y propagar enfermedades y gérmenes más devastador del mundo y, según su teoría, si se consiguiera erradicar por completo se produciría una mejora general de la salud pública y, por qué no, de la moral. Puede parecer desmesurado, pero no hay que olvidar que se trataba de una época en la que estaban a la orden del día enfermedades como la viruela ‒que se contagia a través de la saliva‒ o la tuberculosis ‒que es por vía aérea, pero para el caso es lo mismo‒. Hoy en día esas enfermedades prácticamente se han erradicado y para las enfermedades que se siguen transmitiendo por saliva, como es el caso de la mononucleosis, los catarros y gripes o el herpes, se han encontrado remedios para combatirlas. Incluso para enfermedades más graves, como meningitis o hepatitis, existen tratamientos eficaces siempre que se diagnostique a tiempo.

   Volviendo a la cruzada antibeso de Rechtin, la activista de la castidad repartió entre sus seguidores, que según se dice llegaron a contarse por miles, unas chapas en las que ponía «No al beso» para que no cayeran en la tentación. Según Rechtin, «hay que dejar de transmitir enfermedades unos a otros a través de la boca». En un periódico local se llegó a decir de Rechtin que a juzgar por su cara seguramente podría resistirse a la tentación de besar sin necesidad de utilizar la chapa.

   Entre las disparatadas campañas de Rechtin en su guerra contra el beso estaba la de erradicar esta práctica de las bodas. «La costumbre de besar a una novia en su día de la boda es de lo más peligroso», declaró Rechtin en una entrevista. Para conseguirlo la organización ganó para su causa a varias decenas de novias que se comprometieron a llevar la polémica chapa el día de su boda. Además de esta inició otras campañas para que los padres no besaran a sus bebés ‒en los labios, claro está‒ o para que tampoco se besaran los novios.

   La guerra contra el beso de Rechtin no tuvo demasiado éxito más allá de Cincinnati. Su idea era establecer una delegación en cada una de las grandes ciudades, utilizando para ello los clubs de mujeres que tan de moda estaban en la época. Sin embargo, a pesar de que la moral de entonces estaba más encorsetada, la medida pareció demasiado extrema. Muchas mujeres estuvieron de acuerdo con la idea de comedir los besos en los labios pero erradicarlos por completo parecía algo totalmente descabellado.

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