El mecanismo de Anticitera

El mecanismo de Anticitera

   En 1900 se halló, en los restos de un naufragio, un barco hundido en torno al año 80 a.C. cerca de la isla de Anticitera, entre Creta y la costa griega. En su interior los buzos encontraron tres bloques de metal oxidado que parecían a simple vista rocas llenas de moho sin mayor valor. Sin embargo, después de trasladar los restos al Museo Nacional de Atenas ‒donde se encuentran en la actualidad‒ los arqueólogos hicieron un descubrimiento sorprendente. Aquel metal oscurecido por la corrosión parecía ser un mecanismo complejo compuesto por treinta engranajes de ruedas dentadas con signos e inscripciones en griego, una tecnología totalmente moderna de la que, por lo que se sabe, carecían los griegos por completo.

   El profesor Derek De Solla Price, de la universidad estadounidense de Yale, lo estudió en profundidad y consiguió reconstruir, al menos de forma parcial, el mecanismo, desvelando parte de sus secretos. Su aspecto original sería muy distinto al que tiene en la actualidad: es muy probable que el mecanismo estuviera dentro de una carcasa y que los engranajes se movieran desde el exterior a través de palancas. En definitiva, el misterioso artefacto de Anticitera se trataría de una calculadora astronómica, una especie de ordenador primigenio con la capacidad de prever las relaciones entre el movimiento de las estrellas, la Luna, el Sol y la Tierra con una precisión impresionante, permitiendo incluso prever eclipses.

   De cualquier forma, se trata de un objeto demasiado avanzado tecnológicamente para la época en la que se supone que fue construido. De hecho, algunas de sus partes son tan innovadoras, por ejemplo los engranajes diferenciales, que no serían inventadas hasta el siglo XVI.

Reconstrucción del mecanismo de Anticitera en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Reconstrucción del mecanismo de Anticitera en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas

   Durante muchos años el artefacto fue sistemáticamente ignorado por historiadores serios y defendido en muchas ocasiones por personajes extravagantes o charlatanes, como Erich von Däniken, que afirmaba que provenía de una nave espacial extraterrestre. No fue hasta 2006 en que el mecanismo de Anticitera llamó la atención de estudiosos, cuando Mike Edmunds y su equipo de la Universidad de Cardiff en Gales publicaron los resultados de un estudio que formaba parte de un proyecto de investigación y que revelaba más detalles sobre el funcionamiento interno del aparato, descubriendo que es incluso más sofisticado de lo que se pensaba. Además se estableció su año de construcción entre el 150 y el 100 a. C., por lo que es más antiguo de lo que se estimaba.

   En un estudio publicado en 2008 en la revista Nature se afirmaba que el mecanismo podía servir para fijar con exactitud la celebración de los Juegos Olímpicos en la antigüedad, lo que explicaría que el interior del artefacto haya una inscripción que indica Nemea ‒en referencia a uno de los juegos que fueron más importantes‒ y Olimpia.

   Aunque no se han encontrado otros engranajes con las mismas características, lo cierto es que la tradición de hacer tales mecanismos podría ser mucho mayor de lo que se podría pensar. En De re publica, un diálogo filosófico del siglo I, Cicerón menciona dos máquinas construidas por Arquímedes que podían predecir los movimientos del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos en aquel momento. Ambos artefactos fueron llevados a Roma por el general Marco Claudio Marcelo tras la muerte del matemático en el sitio de Siracusa en el año 212 a. C., aunque es muy poco probable que alguno de ellos fuera el famoso mecanismo de Anticitera.

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