1. Marina Abramovic

Marina Abramovic

   Marina Abramovic es una de esas mujeres de las que un día lees algo en internet y te quedas completamente maravillado. A mí me pasó, y a vosotros os pasará. Marina es una artista serbia nacida el 30 de noviembre de 1946 en Belgrado, Yugoslavia, que se ha dedicado durante más de tres décadas a transmitir sensaciones y pensamientos mediante el arte del performance. Sus obras no dejan indiferente a nadie. Juega con la audiencia de formas arriesgadas, sugerentes, y explora junto a ellos los límites del cuerpo y las múltiples posibilidades de la mente humana. Marina se hace llamar a sí misma «la abuela del arte del perfomance». Y no es para tomarselo a broma.

   Esta mujer ha experimentado de diversas y variadas formas que, con solo imaginárselo, a más de uno le faltaría el aire. Desde flagelarse el cuerpo, congelarse, controlar sus músculos mediante drogas, o casi morir asfixiada por la cortina de humo de un incendio. Incluso hace pocos años —en 2010—, llevó a cabo una obra de toda su carrera en el MoMa de Nueva York en la que se sentó en una silla durante tres meses un total de 736 horas y el público podía sentarse frente a ella y mantener contacto visual el tiempo que cada uno quisiese. Marina comenzó con esto de las performances en 1973, con una obra títulada Ritmo 10, en la que jugaba al típico juego ruso del cuchillo y los dedos —ese de ir clavando el cuchillo entre los huecos de los dedos—. Cada vez que se cortaba, cogía un cuchillo nuevo y continuaba mientras se grababa. El año siguiente hizo tres obras más. Ritmo 5, donde quemaba una estrella en el suelo con petróleo y terminaba saltando dentro perdiendo el conocimiento. Ritmo 2, en la que tomó una píldora para la catatonia y su cuerpo reaccionó violentamente con ataques y movimientos involuntarios, explorando así, la conexión entre cuerpo y mente. Y por último, Ritmo 0, quizá su performance más conocida, y por la cuál estoy escribiendo un artículo sobre ella.

2. Instantáneas de la performance Ritmo 0

Instantáneas de la performance Ritmo 0

   Ritmo 0 fue una performance muy atrevida. Marina decidió reunir a un grupo de personas en una sala, y les dijo que pasaría las 6 próximas horas sin moverse absolutamente nada. Estaría a entera disposición de lo que el público quisiese hacer con ella, adoptando un rol pasivo y dejando que fuese la gente la que llevase el ritmo de la obra. Además, en la sala preparó una mesa repleta de 72 objetos de diversos usos. Entre otros: tijeras, cuchillos, látigos, e incluso una pistola cargada. La reacción obvia ante esta situación, sería no atreverse a hacer nada a la pobre de Marina, la cual no se movería durante 6 horas pasase lo que pasase. Resulta curioso, porque el público al principio se comportó de forma pacífica, tímida y precautoria, pero con el paso del tiempo, se fueron volviendo más y más agresivos.

   Marina Abravomic recuerda esa performance con estas palabras: «La experiencia que aprendí fue que… si se deja la decisión al publico, te pueden matar… Me sentí realmente violada: me cortaron la ropa, me clavaron espinas de rosas en el estómago, una persona me apuntó con el arma en la cabeza y otra se la quitó. Se creó una atmósfera agresiva. Después de exactamente 6 horas, como estaba planeado, me puse de pie y empecé a caminar hacia el público. Todo el mundo salió corriendo, escapando de una confrontación real».

   ¿Qué quiso demostrar Marina con esta performance? Está claro que, como tantas y otras veces se ha visto o se ha experimentado, los seres humanos podemos ser crueles por naturaleza. Nos matamos a unos y otros en guerras, nos peleamos, nos hacemos daño. ¿Hasta dónde podríamos llegar si no fuese por las leyes o las normas? ¿Mataríamos a una persona, si no hubiese ningún impedimento para ello, y hacerlo no nos repercutiese de forma negativa? Las conclusiones que se extraen de Ritmo 0 me recuerdan a aquel relato de un hombre con un botón rojo que va a una casa. El hombre le dice a la pareja de la casa que si aprietan el botón ganarán mucho dinero, pero que al hacerlo una persona en el mundo, cualquiera, morirá. ¿Tú pulsarías el botón? Y si hubieses estado en aquella performance, en 1974, con Marina enfrente de ti sin hacer nada, ¿habrías sido capaz siquiera de apuntarle con la pistola a la cabeza?

Comentarios

comentarios