Gran Hermano

Gran Hermano

   En el ámbito de la literatura, la música, la publicidad, el cine o la televisión (por dar algunos ejemplos) siempre se está buscando una idea original que poder vender, o con la que poder vender algo.

   Un escritor busca una historia impactante que contar; pero también la buscan las productoras de cine y televisión. Incluso en un anuncio de menos de un minuto podemos contar esa historia novedosa que enganche.

   En los tiempos que corren, donde parece que ya todo está inventado, resulta cada vez más difícil encontrar algo que no se haya dicho antes. Entonces, ¿qué podemos hacer?

   Dicen que la realidad siempre supera la ficción (y razón no les falta a los que pregonan esto); por lo que buscar inspiración en el día a día puede dar resultados muy productivos. ¿Es esto suficiente? ¿Sacaremos una mejor idea de la realidad que de nuestra imaginación? Como buena gallega os diré que depende: hay literatura de ficción buenísima y malísima; y hay literatura realista que podemos separar en los mismos bloques. Por ende, un libro de ficción bueno es mejor que un libro malo que nos cuente algo real, y viceversa.

   Pero también hay otra forma de buscar a esa dama esquiva que es la inspiración y por eso hoy quiero ir un paso más allá y preguntaros lo siguiente: ¿Es mejor la idea original o la reinterpretación de la misma? Podéis pensar si queréis que sólo por el hecho de que una idea original sea rompedora nunca va a poder ser superada por una versión de la misma, pero yo creo que esto no es así y puedo ilustrar mi opinión con un ejemplo:

   Según el blog Las lecturas de Mr. Davidmore, se vendieron en Reino Unido unos 25 millones de ejemplares del libro 1984, de George Orwell, en los últimos 65 años, es decir: desde 1949 (fecha de publicación de la novela) hasta 2014 (año de publicación del citado post).

   La última edición de Gran Hermano en España tuvo una media aproximada (según la Wikipedia) de 2,5 millones de espectadores. Imaginaos que cada edición tuviera esa media de consumo, y asumamos que esa es la gente que «compra» ese producto que es el programa, y establezcamos un año de programa como una unidad de compra. En los 14 años que nuestro país lleva emitiendo Gran Hermano se habrían vendido, aproximadamente, unos 17 millones. Imaginaos ahora la cantidad que alcanzaría si su supervivencia llegase a igualar los 65 años que lleva el libro a la venta.

   Bien es cierto que no podemos comparar el tocino con la velocidad y que un libro no puede equipararse a un programa de televisión que cambia cada año pero, salvando las distancias, hay que reconocerle a John de Mol, creador de este formato para televisión, que ha dado en el clavo.

   ¿A qué viene enlazar el citado libro con ese programa en concreto? Por si no lo sabéis, os diré que, para crear Gran Hermano, este productor se inspiró, entre otras cosas, en el libro 1984, de George Orwell. En esta novela de temática distópica el Gobierno controla todos los movimientos de los ciudadanos en todas partes a través de cámaras que vigilan incluso el sueño. Orwell nos hace plantearnos qué pasaría si viviésemos sometidos bajo el yugo de un gobierno totalitario que nos controlase en todo momento. A través de la lectura de 1984 nos vamos adentrando en un mundo donde no queda espacio ni para tener pensamientos íntimos; donde parece que ni se pueden tener sentimientos.

   Como podéis apreciar, de la transformación de esta idea y adaptándola al S.XXI nace Gran Hermano. ¿Qué pasaría si esas cámaras controlaran todo lo que hacen las personas, pero no a todo el mundo, sino a un número concreto y en un espacio limitado? Y ¿qué pasaría si vendemos eso a la televisión? Supongo que esto es lo que se preguntó el conocido productor en su momento y, 14 años después, seguimos viendo en nuestras pantallas la respuesta: un formato revolucionario que puede no gustar a todo el mundo pero que es un éxito de ventas.

   Y ahora, ¿qué me decís? ¿Puede ser la reinterpretación de una idea original mejor, o más rentable, que la idea en sí? Ya lo creo que sí.

   Como dijo Jack London: «No se puede esperar a la inspiración, hay que ir a buscarla».

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