En la ausencia de un cuerpo

En la ausencia de un cuerpo

   El arte conceptual a menudo genera estupor en el público. Como muestra te dejo una pequeña lista con algunas de las instalaciones artísticas más insólitas que probablemente hayas visto. En esta estela se podría situar al artista cubano Alejandro Figueredo Díaz-Perera. Nacido en La Habana en 1991, Díaz-Perera pasó su infancia y su juventud en la isla en una época marcada por la pobreza, el hambre y la superpoblación. Desde que su padre abandonara Cuba y a su familia cuando él era un niño, la ausencia se convirtió en un concepto muy presente en su vida. Al cumplir 22 años siguió los pasos de su padre, abandonando la isla, para trasladarse a vivir a Chicago, donde inició su carrera artística.

   Con la guía de la abuela de las performances Marina Abramovic, conocida por obras como Ritmo 0, y con influencia de artistas como Tania Bruguera, Díaz-Perera planteó una instalación en la que la ausencia se convirtiera en algo completamente palpable. Así nació «En la ausencia de un cuerpo», una instalación en la que el artista permaneció durante tres semanas en silencio y oculto, encerrado en un espacio de menos de un metro de ancho y unos tres metros de largo, entre las paredes de la galería West Loop en Chicago. Mientras ha durado la instalación Díaz-Perera no ha tenido ningún tipo de contacto con el público que ha visitado la sala. Desde el otro lado de la pared se limitó a observar a la audiencia, invisible para ellos, convertido en un fantasma de sí mismo, en nada. Por su parte, aquellos que han visitado la sala han tenido la extraña impresión de estar en una exposición de arte invisible, con la sensación añadida de estar siendo observados.

Alejandro Figueredo Díaz-Perera

Alejandro Figueredo Díaz-Perera

   Al otro lado de la pared Díaz-Perera contó solo con una colchoneta, una almohada, una manta, una lámpara y un martillo ‒para utilizar en caso de emergencia‒, más que suficiente para todo lo que ha hecho durante estas tres semanas: respirar, dormir y comer. Díaz-Perera no ha querido llegar al extremo de otros artistas que no dudan en poner en peligro sus vidas: tanto la comida como el agua fue suministrada por la pareja del artista a través de una pequeña abertura en la pared.

   No es la primera vez ni mucho menos que tiene lugar una instalación de estas características. De hecho, en su obra «Seedbed», de 1972, el artista Vito Acconci también pasó tres semanas escondido bajo una rampa en la Galería Sonnabend de Nueva York. Eso sí, con algunas diferencias significativas. Como parte de su obra Acconci se pasaba ocho horas al día masturbándose y murmuraba obscenidades al público para que estos fueran conscientes de lo que estaba haciendo.

En la ausencia de un cuerpo

En la ausencia de un cuerpo

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