Me han despedido, o se me ha acabó el contrato, que a efectos prácticos para este ejemplo es lo mismo. ¿Qué voy a hacer? Ir al Servicio Público de Empleo a solicitar la prestación por desempleo; está claro.

   Pido cita previa y lo primero que tengo que hacer es inscribirme como demandante de empleo, para solicitar el paro tengo que pedir otra cita. Si tienen el sistema informatizado y todo se hace por ordenador, ¿por qué tengo que venir dos veces? La Administración es así, dirán ustedes. Y lo hago, qué remedio me queda.

   Voy a solicitar la citada prestación y me piden una serie de documentación, a saber:

– Papel que acredite que estoy inscrita como demandante de empleo (y vuelvo a preguntar por qué, si lo hice en esta oficina y está todo informatizado).

– Anteriores contratos de trabajo (no quiero ser pesada, pero insisto, ¿por qué? ¿Acaso no se hacen los contratos en esa misma oficina? ¿Acaso no se comunican al Servicio Público a través de una plataforma de internet llamada Contrat@? ¿Acaso no está todo archivado, digitalizado e informatizado?)

– Nóminas (¿en serio? Os juro que no quiero ser cansina, pero ¿no está la Seguridad Social informatizada? ¿Dos organismos públicos con tanta relación no están conectados? ¿Tampoco lo está con la Agencia Tributaria? Por favor, ¿me decís si seguimos en el Siglo XXI o hemos retrocedido en el tiempo?)

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   Tanta tecnología a nuestra disposición y no sabemos sacarle partido en cosas que de verdad son necesarias. Todos los organismos gubernamentales deberían tener acceso a la información entre sí aunque sólo fuese para la comprobación de datos. Sin embargo, en plena era de la tecnología, seguimos guardando nuestras carpetas de cartón con un montón de documentación archivada. Si yo tengo 27 años, quizás esos papeles no ocupen demasiado, pero si tengo que tener en soporte físico todas las nóminas, contratos y declaraciones de la renta y ya cuento con 70 años, no sé cómo voy a hacer.

   Así pasa en el Servicio Público de Empleo pero también en muchas otras entidades gubernamentales, como en la Seguridad Social. Si me pongo mala, soy yo la encargada de llevar la baja (en papel) a mi empleador. Menuda contradicción, se supone que las personas enfermas deben guardar reposo; apuesto a que si te extirpan el apéndice y estás en el hospital recién salida de quirófano no podrás ir a ver a tu jefe para darle la baja.

   Creo que no es tanto pedir que tu médico transmita esa baja a la empresa de manera telemática. Seguro que hay maneras más sencillas de hacer esto que la de decirle al pobre paciente que, por favor, se quite un momento la vía del suero y que vaya a llevar el dichoso papel.

   ¿Por qué me acuerdo ahora de algo que viene ocurriendo desde hace años? Porque se ha descubierto que el presunto responsable del accidente de avión que ha ocurrido recientemente, y del que seguro todos estáis al tanto, no había llevado la baja laboral a la empresa y por eso se puso a los mandos de ese avión a pesar de que no estaba en condiciones.

   Y me parece absurdo, me indigna, me causa estupor, y me avergüenza que en una época en la que disponemos de tantos medios para comunicarnos la comunicación sea lo único que no llevamos a cabo con esos medios.

   Pensaba que esto de desaprovechar los recursos que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance sólo ocurría en España pero, por lo visto, son más los países que siguen limpiando el suelo con un paño y de rodillas a pesar de que exista la fregona.

   Como dijo Eric Schmidt: Internet es el primer invento de la humanidad que la humanidad no ha entendido.

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