best-coffee

   La revolución hecha verso. Me permitiré utilizar el título de una de su masterpiece –¡viva el cosmopaletismo!–, Baluarte,  para halagar y decir que la poesía contemporánea española ha encontrado su particular amparo. Elvira Sastre ha conseguido revolucionar el panorama métrico. Su poesía, en cambio, ha revolucionado a todos los que poseemos un corazón literario y, perdón por el atrevimiento, pero me arriesgaría a decir que también ha despertado algunos corazones aletargados en la lectura.

   Sus poemas han cautivado y cautivan. El motivo puede ser la verdad que se teje en cada uno de sus versos, verdad con la que empatizamos por el reflejo de nuestra situación actual. Consigue que el amor y el desamor sea tangible y que el dolor que corre en ese momento por tus venas se acabe perdiendo, como Perséfone. Pero no solamente escribe sobre el amor, va más allá con temas como la libertad, el sexo o el dolor.

   Nos hace el amor con sus poemas. Usa las palabras como aquella bandera de paz que ondea después de una guerra interna; esa guerra interna del «esto es lo que quería decir y nunca he podido expresar». Esa es su valía.

   Sastre renueva la poesía pero va más allá; consigue que uno mismo se vuelva poesía, verso, rima. Tres poemarios publicados (Baluarte, Cuarenta y tres maneras de soltarte el pelo y Tú la acuerela/Yo la lírica) y un blog vibrante donde uno puede disfrutar de la poesía con los cincos sentidos. Uno de sus poemas, «Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito», es un ejemplo de cómo lo cotidiano se vuelve bello. Si Elvira le hiciera un poema a un cepillo de dientes, os aseguro que, después de cada comida, lo miraríais de otra forma.

   Nos permitiremos ser disolutos y nos entregaremos al vicio de la lectura. Así, sin más.  Otro síndrome de Stendhal añadido a la lista, Elvira.

Comentarios

comentarios